Un escudo vital para Artemis II
"Atravesar la atmósfera como una bola de fuego" será una gran experiencia, señalaba el piloto Victor Glover a principios de esta semana, y confesó que desde su selección para la tripulación en 2023 siente aprensión ante ese momento.
El escudo térmico es vital: la nave espacial Orion alcanzará velocidades máximas cercanas a 35 veces la velocidad del sonido y se enfrentará a temperaturas abrasadoras que alcanzarán picos de alrededor de 2,760 grados Celsius, la mitad de la temperatura de la superficie del sol.
Esta fase siempre es delicada para los astronautas que regresan de la Estación Espacial Internacional. Pero en esta ocasión las inquietudes se ven reforzadas por el hecho de que se trata del primer vuelo tripulado de Orión y de que en 2022 se detectó un problema durante una prueba sin tripulantes.
De regreso a la Tierra, el escudo térmico que protege la nave se había alterado "de una manera inesperada", según un informe técnico.
A pesar de esta anomalía, la agencia espacial estadounidense decidió continuar con el mismo escudo, revisando la trayectoria para escoger un ángulo de entrada en la atmósfera más directo y así limitar el rebote que había contribuido a deteriorar el escudo térmico.
Una decisión que sigue atormentando a los máximos responsables de la NASA.
"No voy a dejar de pensar en ello hasta que estén en el agua", reconoció recientemente el jefe de la NASA, Jared Isaacman, en una entrevista.
"Es imposible decir que no queda ningún miedo irracional", admitió el jueves su mano derecha, pero aseguró que racionalmente no tiene ningún temor al respecto.
Insistiendo en las múltiples pruebas, simulaciones y modelizaciones realizadas, los responsables de la NASA aseguran confiar en los cálculos de sus ingenieros y contar con un margen de seguridad suficiente.
Aunque la NASA admite que el crucial escudo sigue presentando fallos determinó que, de haber habido astronautas a bordo durante la misión Artemis I, estos habrían sobrevivido.
Objetivo 2028
Todos contendrán la respiración durante los 13 minutos -seis de ellos sin comunicación- que separan la entrada en la atmósfera de la nave, que alcanzará los 38.000 km/h, y su amerizaje en el Pacífico, después de haber sido frenada por una serie de robustos paracaídas.
Las familias de los astronautas estarán presentes en el centro espacial de la NASA en Houston.
Al ser ante todo una misión de prueba, Artemis II permitirá a la NASA probar sus sistemas para la misión de regreso a la superficie de la Luna , con el fin de establecer allí una base y preparar futuras misiones hacia Marte.
La NASA ambiciona un primer alunizaje en 2028, es decir, antes del final del mandato de Donald Trump y de la fecha fijada por sus rivales chinos para caminar sobre la Luna en 2030.
Pero los expertos esperan nuevos retrasos, ya que los alunizadores siguen en desarrollo por parte de las empresas de los multimillonarios Elon Musk y Jeff Bezos.
Mientras tanto, esta primera misión tripulada de un programa que ha costado decenas de miles de millones de dólares y ha sufrido numerosos contratiempos y retrasos, busca reavivar la pasión espacial de los estadounidenses.
El comandante Reid Weisman dijo que la tripulación esperaba poder "aunque solo fuera por un momento, lograr que el mundo se detuviera y recordara que este es un planeta hermoso en un lugar muy especial de nuestro universo".