Lo común fue ver citas retrasadas, participantes perdidos, uno que otro usando geolocalizador para llegar a su destino… al final la queja se volvió unánime: nadie sabía exactamente dónde estaba.
Pero la banca sabe cómo sortear cualquier jornada. Es jueves y comienza su ritual: desayuno formal, discursos medidos, aplausos contenidos. Se habla, como siempre, de las fortalezas del sistema: una banca sólida, bien capitalizada, prestadora con todo a pesar de un entorno de bajo crecimiento.
Y de pronto, lo inesperado: A 12,000 kilómetros de distancia, en el Vaticano, el mundo estaba pendiente de una chimenea, de un nuevo papa. La conferencia de los banqueros no tiene la atención de todos. La mayoría desvía su mirada hacia su celular, las notificaciones se aceleran, son las 10 horas y el cuchicheo se hace notorio.
Hay humo blanco en la Capilla Sixtina. Julio Carranza, presidente de la Asociación de Bancos de México (ABM) interrumpe la conferencia y le dice a todos los reunidos que los 133 cardenales ya decidieron quién será su nuevo pontífice. Habemus Papam .
El nuevo líder de la iglesia católica es Robert Francis Prevost , que para sorpresa de todos es estadounidense, un giro que nadie anticipa, en un cónclave en el que todos esperaban el regreso de un italiano o la histórica elección del filipino Luis Antonio Tagle.
Hay quienes recuerdan la lejana Convención Bancaria de 2018, cuando se hablaba de soltar al tigre; hoy se habla más bien de León, que es el nombre que decide llevar el papa.
Pero en Nayarit, los banqueros no quieren que nada les robe el ánimo y les opaque su congregación. Es su Convención 88 , y lo celebraban con optimismo casi eufórico: México tiene una banca fuerte, que ha resistido a Trump, a los aranceles, a la desaceleración y al reacomodo económico mundial.
Hasta que llega el momento de ajustar cuentas.
No con el Fobaproa —ese que Ernesto Zedillo y Claudia Sheinbaum revivieron en los dimes y diretes recientes—, sino con una deuda más real: la que tienen con la gente de a pie. Con quienes no acceden al crédito, con quienes pagan comisiones elevadas, con quienes aún no ven a la banca como aliada.
Son las 18:08 horas y comienza la sesión plenaria que dará paso a la inauguración del evento. La primera en entrar a escena es Victoria Rodríguez , gobernadora del Banco de México. Con tono directo, reconoce la solidez del sistema financiero… pero lanza una alerta:
—“Hay una percepción de que sus servicios son caros. Hay que ser creativos para hacerlos más accesibles ”.
Después, toma el micrófono el titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Edgar Amador. Enumera fortalezas: bajo desempleo, crecimiento moderado, ingresos públicos sólidos. Pero no se fue sin asestar otro reto:
—“Falta crédito para las pymes. Son el 99.8% de las empresas del país, generan más del 70% del empleo, y 34% están lideradas por mujeres. Y aún así, no reciben el financiamiento que merecen”.
Entonces viene el compromiso: una meta clara —hacer crecer el crédito a las pymes a una tasa anual de 3.5% entre 2025 y 2030. El acuerdo se firma. Y la banca, por ahora, responde.
La temperatura sube cuando es el turno de la presidenta de México.
Claudia Sheinbaum toma la palabra entre aplausos. Saluda rápido, firme, pide proyectar una presentación… y ahí, junto a banqueros, funcionarios y hasta el senador Gerardo Fernández Noroña, comienza su mensaje.
Habla de economía y de transformación. De más empleo, mejores salarios, programas sociales, menos inseguridad. Pero también de una gran carencia:
—“México tiene menos crédito bancario como proporción del PIB que los países de la OCDE, que Perú, que Colombia. Sin prosperidad compartida, no hay prosperidad.”