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El shock externo que acecha a las economías dolarizadas de Latinoamérica

En 2026, con más sanciones, choques comerciales y un dólar más débil, la dolarización deja de ser escudo. Venezuela expone los riesgos para América Latina.
mar 13 enero 2026 07:08 AM
El riesgo oculto de la dolarización en América Latina: cuando el dólar deja de ser escudo
El dólar sigue siendo ancla para varias economías de América Latina, pero en un entorno de sanciones, choques comerciales y mayor tensión geopolítica, su volatilidad se ha convertido en un nuevo riesgo.
(Constantinis/Getty Images)

La dolarización —oficial o de facto— vuelve al centro del debate en América Latina. En un entorno de mayor fragmentación geopolítica, uso intensivo de sanciones financieras y fricciones comerciales y un dólar que se debilitó durante 2025, los países que renunciaron total o parcialmente a su moneda enfrentan riesgos específicos: inflación importada, menor capacidad de absorción de shocks externos y una exposición directa a decisiones de Washington que afectan pagos, comercio y financiamiento.

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Ecuador

Adoptó el dólar en 2000, bajo la presidencia de Jamil Mahuad, tras una crisis bancaria e inflacionaria. La dolarización ancló expectativas y redujo la inflación, pero como es habitual en estos casos, eliminó la política monetaria y cambiaria.

Informes recientes del Fondo Monetario Internacional (FMI) subrayan que la estabilidad macro en Ecuador depende hoy menos del ancla nominal y más de disciplina fiscal, reservas en activos de alta liquidez y regulación financiera.

El propio FMI advierte que, sin prestamista de última instancia pleno, los choques externos se transmiten con mayor rapidez al sistema financiero. Cuando un país está dolarizado no tiene un banco central que pueda “crear dinero” en una emergencia. Eso significa que, si ocurre un golpe externo —por ejemplo, una crisis financiera, una caída del comercio o una salida abrupta de capitales— no hay quién salga rápidamente a rescatar a los bancos o a inyectar liquidez.

Con un dólar más débil frente a monedas de socios comerciales no dolarizados, el riesgo principal es la inflación importada y pérdida de competitividad real en sectores expuestos. En un mundo con más sanciones y fricciones de pagos, la dolarización limita los amortiguadores ante shocks comerciales.

El Salvador

Desde 2001, el país adoptó el dólar para reducir costos financieros e integrar la economía a los flujos internacionales.

¿Qué dicen los organismos? El FMI ha señalado en evaluaciones recientes que el esquema exige fortalecer finanzas públicas y la gestión de liquidez, dado que la dolarización reduce herramientas para responder a episodios de estrés externo.

Rumbo a 2026, la economía queda particularmente expuesta a cambios en condiciones financieras globales y a choques comerciales. En un contexto geopolítico más tenso, la ausencia de política cambiaria amplifica el impacto de sanciones, aranceles o disrupciones logísticas.

Panamá

Es el caso más antiguo y más “puro” de la región, con una dolarización histórica asociada a su rol logístico y financiero.

Análisis del Banco de Pagos Internacionales (BIS) y del FMI resaltan que la fortaleza panameña proviene de su profundidad financiera y su hub logístico, pero también que la exposición a ciclos globales es elevada.

Este año, con mayor fragmentación comercial y tensiones geopolíticas, Panamá enfrenta riesgos por volatilidad del comercio mundial, cumplimiento financiero y movimientos abruptos de capitales, con margen limitado para ajustes macro.

Venezuela (dolarización de facto bajo estrés)

Venezuela no adoptó el dólar de manera oficial, pero su dolarización de facto se aceleró entre 2018 y 2019 como respuesta a la hiperinflación y al colapso del bolívar. El propio gobierno relajó controles, frenó la emisión monetaria y despenalizó el uso del dólar, que pasó a dominar precios, salarios y transacciones cotidianas.

Tras cerrar el último episodio hiperinflacionario en 2021 —luego de una inflación anual que alcanzó 130,000% en 2018—, los riesgos han vuelto a intensificarse.

El FMI proyecta un aumento de precios de 548% en 2025 y 629% en 2026, mientras que economistas independientes estiman cifras incluso superiores, por encima del 800%, lo que acerca nuevamente al país a un escenario hiperinflacionario.

En ausencia de datos oficiales recientes del banco central, los análisis coinciden en que Venezuela enfrenta hoy inflación en dólares, estimada en torno a 80% anual, un fenómeno poco común que refleja el desanclaje total de expectativas.

El canal dólar–sanciones

La dolarización de facto depende críticamente del flujo de divisas, un flujo del cual adolece Venezuela actualmente. Ese canal se debilitó tras las restricciones impuestas a las operaciones de Chevron, uno de los principales proveedores de dólares al sistema, y por la necesidad del Estado de vender crudo con fuertes descuentos (de hasta el 50%).

Con menos dólares circulando, la brecha cambiaria entre el tipo de cambio oficial y el paralelo ha superado el 60% y la cotización del dólar se ha disparado cerca de 400% en el último año, presionando directamente a los precios.

En el contexto de la intervención de Estados Unidos, el uso intensivo de sanciones financieras y mayores fricciones geopolíticas, Venezuela ilustra el riesgo extremo de la dolarización sin respaldo institucional: sin política monetaria, sin credibilidad estadística y con el acceso a divisas condicionado por la geopolítica, el dólar deja de ser ancla y se convierte en un amplificador de inflación y desigualdad.

Para el resto de América Latina, el caso funciona como advertencia: en un mundo más hostil, la dolarización —especialmente la de facto— puede exponer a la economía a shocks externos inmediatos y difíciles de contener.

Cuba

Durante décadas, el gobierno cubano mantuvo una relación de amor-odio con el dólar pero acabó extendiendo su programa de dolarización parcial de la economía para paliar la falta de divisas.

La Habana autorizó recientemente una mayor circulación del dólar en el sector privado, hasta ahora limitada a los establecimientos comerciales estatales y a la venta de combustible.

Argentina, dolarización parcial problemática

Argentina mantiene el peso como moneda oficial, pero el dólar funciona como reserva de valor, referencia de precios y unidad de cuenta informal. Ahorros, inmuebles, contratos y expectativas están dolarizados, aunque el sistema financiero y la política monetaria sigan en pesos.

El FMI ha señalado reiteradamente que esta dolarización parcial debilita la política monetaria: aunque el banco central puede emitir pesos, no logra anclar expectativas, porque hogares y empresas toman decisiones en dólares. Esto genera alta inflación, indexación y una transmisión rápida de shocks externos al tipo de cambio y a los precios.

A diferencia de Ecuador o Panamá, Argentina sí tiene banco central y prestamista de última instancia, lo que le da margen de maniobra en crisis financieras. Pero, a diferencia de ellos, carece de credibilidad monetaria, por lo que cada shock externo (dólar, tasas de la Fed, comercio, geopolítica) se traduce en presión cambiaria y mayor inflación.

El denominador común en 2026

Según la CEPAL, el bajo crecimiento regional y la mayor vulnerabilidad externa coinciden con un mundo más fragmentado. Para economías dolarizadas, el dólar sigue siendo ancla, pero ya no es un escudo completo.

Con un dólar más débil, más sanciones financieras y mayor incertidumbre comercial, la dolarización reduce grados de libertad justo cuando los shocks externos se vuelven más frecuentes y asimétricos.

Gabriela Siller, directora de análisis económico de Banco Base, señala que aunque el dólar ha perdido terreno por la liquidez inyectada por la Reserva Federal, un aumento en la aversión global al riesgo podría revertir rápidamente esa tendencia. En un contexto marcado por tensiones geopolíticas, sanciones y decisiones políticas impredecibles desde Washington, esta volatilidad del dólar se convierte en un riesgo adicional para las economías dolarizadas, cuya estabilidad depende de factores externos sobre los que no tienen control.

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