Esto reduce la certidumbre para la inversión y limita el potencial del nearshoring.
Pero reconoce que el escenario de nuevos aranceles generan menos preocupación que antes.
El analista subrayó que este entorno resta atractivo a México como plataforma de relocalización productiva, incluso si el T-MEC no desaparece. A ello se suman factores internos que complican el panorama, como reformas en discusión en ámbitos judiciales, laborales y económicos, que pueden elevar costos y frenar decisiones de inversión.
El término T-MEC zombi también fue acuñado por Euroasia Group en su top de riesgos de 2026, un acuerdo que sigue vigente en lo formal, pero que deja a empresas y gobiernos operando en un entorno de incertidumbre crónica.
El tratado enfrenta este año su revisión obligatoria, un proceso que permitiría extender su vigencia por otros 16 años. Sin embargo, el presidente Donald Trump busca evitar las restricciones de un nuevo acuerdo trilateral, pues algo indefinido le permite usar el comercio de forma bilateral para extraer concesiones económicas y políticas de México y Canadá sin comprometerse a reglas estables de largo plazo.
Panorama 2026
México enfrenta un entorno de crecimiento limitado y presiones fiscales que siguen pesando en su perfil macroeconómico, de acuerdo con el análisis de Shelly Shetty, directora global de calificaciones soberanas en Fitch Ratings.
La calificadora prevé que el país se mantenga por debajo de su potencial de crecimiento, en un contexto regional marcado por una desaceleración general y una menor inversión.
Shetty señaló que, aunque América Latina muestra una recuperación gradual en sus calificaciones soberanas, México figura entre las economías con menor dinamismo esperado.
El crecimiento regional se ubicaría alrededor de 2.5%, pero México se mantiene en la parte baja del rango, junto con Bolivia, reflejo de una inversión débil y la ausencia de reformas estructurales que impulsen la productividad.
En el tema fiscal, Fitch observa avances en la consolidación tras la pandemia, aunque en el caso mexicano persisten retos relevantes. El déficit se mantiene elevado y la deuda pública continúa en ascenso, presionada por los apoyos financieros a Pemex, que siguen siendo un factor central en la evaluación crediticia del país.
La consolidación fiscal, explicó Shetty, se ha apoyado en buena medida en la contención del gasto de inversión, más que en un aumento estructural de ingresos.