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La relación México-Canadá eleva su apuesta económica ante la presión de Trump

Con puertos, energía e innovación como ejes, México y Canadá refuerzan su integración económica en un momento de tensión con Estados Unidos y de definiciones clave para el futuro del T-MEC.
mar 27 enero 2026 05:55 AM
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El 1 de julio de 2026 vence el plazo para definir el futuro del T-MEC. (Foto: Mandel Ngan / AFP)

La relación económica entre México y Canadá avanza en un momento de definiciones para América del Norte. Mientras ambos gobiernos buscan estrechar su cooperación en infraestructura, energía, comercio y agricultura, Ottawa enfrenta presiones externas que influyen en cada movimiento. La relación con China y las advertencias del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, marcan el telón de fondo de una etapa clave para el futuro del T-MEC.

En ese escenario el Plan de Acción México-Canadá bajo el gobierno de Mark Carney y Claudia Sheinbaum, coloca a la relación económica como eje central de la relación bilateral. A diferencia de ejercicios anteriores, la nueva estrategia apuesta por una cooperación más profunda en puertos, corredores logísticos, energía, comercio, inversión y agricultura. El objetivo es reforzar la competitividad regional y reducir vulnerabilidades en un sistema comercial cada vez más fragmentado.

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Los datos muestran una relación económica con amplio margen de crecimiento. En 2024, el intercambio comercial entre México y Canadá alcanzó 32,027 millones de dólares, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Economía, lo que representó apenas 2.6% del comercio total de México.

El balance favorece a México. En 2024, el país registró un superávit comercial de 5,886 millones de dólares frente a Canadá, y entre enero y noviembre de 2025 el saldo positivo ya sumó 8,780 millones de dólares.

En inversión extranjera directa, Canadá ocupa el tercer lugar entre los principales inversionistas en México, mientras que México se ubica hasta la posición 29 entre los países que invierten en Canadá.

En el plan de Sheinbaum y Carney la infraestructura ocupa un lugar protagónico, con la cooperación portuaria y logística. México y Canadá plantean una agenda conjunta para fortalecer la conectividad marítima, modernizar puertos y mejorar la integración entre transporte marítimo, ferroviario y carretero. La intención es construir corredores logísticos más eficientes, con menores costos y tiempos de traslado, capaces de sostener cadenas de suministro más sólidas y de abrir nuevas rutas hacia mercados internacionales.

Ese impulso se extiende a la energía, pues el plan traza una agenda de corredores energéticos que busca una cooperación más estrecha en seguridad del suministro, transición y desarrollo de infraestructura estratégica. Ambos países apuestan por un diálogo técnico más profundo, el intercambio de información y la exploración de proyectos que respalden el crecimiento industrial y comercial a largo plazo.

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El comercio y la inversión completan esta estructura económica al incluir medidas para facilitar el intercambio bilateral y promover la llegada de capital, con atención especial en pequeñas y medianas empresas. La meta consiste en reducir barreras, mejorar la coordinación regulatoria y ampliar la participación empresarial en ambos mercados. A estas acciones se suman iniciativas de promoción económica conjunta y de digitalización de procesos logísticos y comerciales, orientadas a fortalecer la eficiencia de las cadenas productivas.

En innovación, Canadá y México dan un primer paso con el compromiso de firmar un nuevo Memorándum de Entendimiento para fortalecer la colaboración en investigación. El acuerdo involucrará al Consejo de Investigación en Ciencias Naturales e Ingeniería de Canadá, al Consejo de Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades y a la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación de México, y deberá concretarse antes del 31 de marzo de 2026.

Este memorándum busca ampliar la cooperación científica y dar impulso a proyectos conjuntos en áreas interdisciplinarias estratégicas, como la transición energética, la inteligencia artificial y las tecnologías de la salud.

La agricultura también forma parte de este rediseño. México y Canadá proponen una acción conjunta en agroalimentación para fortalecer cadenas productivas, facilitar el comercio de alimentos y avanzar en cooperación sanitaria y fitosanitaria. Este frente adquiere peso estratégico en un momento en el que el comercio agrícola vuelve a ocupar un lugar central en las disputas y negociaciones comerciales.

El cambio es evidente al compararlo con el Plan de Acción México-Canadá, que se pactó en las administraciones del expresidente Andrés Manuel López Obrador y el ex primer ministro Justin Trudeau. En ese entonces, el comercio y la inversión figuraban dentro de una agenda más amplia dominada por temas sociales, movilidad humana, género, reconciliación con pueblos indígenas, salud y cooperación ambiental. La economía tenía presencia, pero no marcaba el rumbo ni contaba con objetivos específicos en infraestructura logística y energética, como ocurre ahora.

Este cambio de enfoque coincide con una etapa compleja para Canadá. El primer ministro Mark Carney ha defendido que las decisiones recientes de Ottawa respecto a China se apegan a las obligaciones asumidas bajo el tratado comercial con Estados Unidos y México. El acuerdo, recordó, impide firmar tratados de libre comercio con economías no basadas en el mercado sin notificación previa. Su gobierno, subrayó, no tiene intención de hacerlo con China ni con ninguna otra economía de ese tipo.

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Bajo esa premisa, Canadá acordó reducir el arancel de 100% aplicado a los vehículos eléctricos fabricados en China a una tasa de 6.1%, con un límite anual de 49,000 unidades. A cambio, se prevé una reducción de los aranceles de represalia que China impuso a productos agrícolas canadienses como la langosta, el cangrejo y la canola. Para Carney, este entendimiento busca cerrar tensiones comerciales de larga data sin salirse de los márgenes del T-MEC.

La respuesta desde Washington no tardó, pues Donald Trump amenazó con imponer aranceles de 100% a los productos canadienses si Ottawa alcanza un acuerdo comercial con China. Para Carney, no resulta casual que estas advertencias aparezcan justo antes de las negociaciones para renovar el tratado. En redes sociales, el mandatario estadounidense incluso se refirió al primer ministro canadiense como “gobernador” y reiteró su amenaza arancelaria.

Mientras Carney Describió a Trump como un “fuerte negociador” y llamó a leer algunos de sus mensajes dentro de una lógica más amplia.

Desde México, la presidenta Claudia Sheinbaum ha fijado una línea similar. Su gobierno, afirmó, trabajará para preservar la integración comercial regional. En los meses clave para la continuidad del T-MEC, anunció su intención de colaborar con Mark Carney. Las diferencias, sostuvo, reflejan miradas distintas frente a lo que ocurre en el comercio internacional.

Las cifras económicas refuerzan la relevancia de esta apuesta. Canadá sorprendió con un crecimiento anualizado del PIB de 2.6% en el tercer trimestre de 2025, muy por encima de las previsiones del Banco de Canadá. México, en contraste, registró una contracción anual de 0.2% en el mismo periodo, lo que subraya la importancia de la inversión, el comercio y la infraestructura como motores de crecimiento.

Así, el acercamiento económico entre México y Canadá no responde solo a una agenda bilateral. También refleja la necesidad de afianzar alianzas dentro de América del Norte frente a amenazas arancelarias, tensiones externas y cambios en las reglas del comercio global.

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