¿Por qué no hay inversión?
La falta de inversión en los últimos meses se debe, en parte, a la incertidumbre que causa la política comercial de Estados Unidos. No obstante, el economista también apunta a la larga pausa que ha significado la revisión del T-MEC en 2026.
“La posibilidad de ajustes en reglas de origen, procesos de negociación prolongados o escenarios de presión bilateral ha sido suficiente para retrasar decisiones de inversión en sectores intensivos en capital”, apunta.
La organización México ¿Cómo Vamos? añade que la contracción de la inversión privada y pública también se explica por la incertidumbre que provocaron las últimas reformas constitucionales, sobre todo al Sistema Judicial. De hecho, al cierre de 2025, la inversión privada se contrajo 15.3% anual y el gobierno no tiene suficiente espacio fiscal para revertir la tendencia pronto.
Además, el bajo crecimiento, a su vez, puede provocar un desaliento en las inversiones nuevas, provocando un círculo vicioso. “Con crecimiento débil, la inversión privada tiende a concentrarse en mantenimiento y no en expansión. Eso no solo reduce el crecimiento hoy, sino que deprime la inversión en equipo, frena la adopción tecnológica y limita la creación de empleo formal en el mediano plazo”, apunta Robledo.
La apuesta por el T-MEC
Pese a este diagnóstico, Ugarte añade que la inversión también puede reaccionar con velocidad cuando se disipa la incertidumbre. Por lo cual un proceso ordenado en la revisión del T-MEC puede “destrabar una proporción relevante de los proyectos hoy postergados”.
Pero advierte que un escenario de crecimiento sostenido de largo plazo no se hará presente con “estímulos transitorios” y sin inversión pública. “La inversión en infraestructura pública puede desempeñar un papel catalizador importante, siempre que genere complementariedades con la inversión privada”, indicó.
No obstante, el gobierno también dejó en claro que una de sus prioridades, antes de detonar la inversión pública, es su compromiso con la estabilidad de las finanzas públicas. Pero este objetivo también tiene retos.
Según Alejandro Saldaña, economista en jefe de Banco Ve por Más, el primero de estos está relacionado con los “supuestos algo alegres en algunas variables macroeconómicas (sobre las cuales se estiman los ingresos y egresos), como el crecimiento del PIB, el nivel de la plataforma petrolera, la desaceleración en la inflación y tasas de interés bajas; aunque buena parte de ello se ve compensado por una estimación conservadora para los precios del petróleo”.
La segunda clase de retos, añade, “tiene que ver con lo incierto sobre el espacio con el que cuenta Hacienda para seguir recortando el gasto programable, además de generar más eficiencias en la recaudación y elevar la fiscalización”.