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México y Canadá sostienen a 149,000 exportadores de EU que urgen certeza en el T-MEC

La revisión del tratado ha intensificado el cabildeo del sector privado estadounidense, que busca evitar cambios que reduzcan la certidumbre para el comercio regional.
México y Canadá sostienen empresas exportadoras EU
México y Canadá representan mercados estratégicos para las empresas de EU. (Andrew Harnik/Getty Images) (Andrew Harnik/Getty Images)

Cuando se habla del T-MEC, casi siempre aparecen las mismas imágenes: plantas automotrices, enormes acereras, fábricas de semiconductores o líneas de producción donde miles de vehículos cruzan la frontera cada día.

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Pero el tratado también sostiene negocios que difícilmente aparecerán en una fotografía oficial.

Hay talleres familiares que fabrican piezas metálicas en Ohio. Productores de avena en Dakota del Norte. Empresas de dispositivos médicos en Minnesota. Fabricantes de maquinaria agrícola en Iowa. Exportadores de alimentos, madera, textiles o software que encontraron en México y Canadá el mercado que les permitió crecer.

Son 149,033 empresas estadounidenses que exportan a alguno de sus dos vecinos. Lo que significa que una de cada dos compañías exportadoras de Estados Unidos depende de México o Canadá para vender parte de su producción. Y, contra la percepción de que el comercio norteamericano pertenece únicamente a las grandes corporaciones, 94% de ellas son pequeñas y medianas empresas, según cifras de la Oficina del Censo de Estados Unidos.

Juntas venden 182,000 millones de dólares al año a ambos mercados.

Si se suma lo que venden todas las empresas exportadoras estadounidenses, la cifra alcanza 579,000 millones de dólares.

Por eso, mientras los gobiernos negocian reglas de origen, aranceles o mecanismos de cumplimiento, para miles de pequeños empresarios estadounidenses la revisión del T-MEC no representa un debate político. Es una discusión sobre si podrán seguir invirtiendo, contratar personal o abrir una nueva línea de producción.

Esa es precisamente la batalla que la Cámara de Comercio de Estados Unidos no ha dejado de librar ante la Oficina del Representante Comercial (USTR): convencerlos de que fortalecer el T-MEC es también proteger a miles de pequeñas empresas estadounidenses.

La organización empresarial pide que el proceso fortalezca, y no debilite, el tratado. Argumenta que el T-MEC no solo regula el comercio entre tres países, también sostiene una relación económica de 1.3 billones de dólares al año y respalda 13 millones de empleos estadounidenses.

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Los empresarios argumentan que el verdadero valor del acuerdo no está únicamente en eliminar aranceles.

Está en haber construido durante tres décadas una economía que funciona como una sola.

Un automóvil cruza varias veces la frontera antes de terminarse. Los dispositivos médicos incorporan componentes fabricados en distintos países. La energía viaja por redes compartidas. En la agricultura ocurre algo similar: cereales, carne, frutas, verduras y oleaginosas cruzan diariamente las fronteras hasta llegar a supermercados de los tres países.

Gracias a esa integración, México y Canadá compran más de un tercio de todas las exportaciones estadounidenses, mientras que las empresas de Estados Unidos venden más productos a sus dos vecinos que a sus siguientes 12 mercados de exportación más grandes juntos.

En el campo, ambos países también adquieren alrededor de un tercio de las exportaciones agrícolas estadounidenses, una relación que, según la Cámara, ayuda a mantener cadenas de suministro estables y precios más accesibles para los consumidores.

Por eso el organismo advierte que debilitar esa integración tendría un costo que iría mucho más allá de las estadísticas comerciales.

Intentar sustituir cadenas de suministro norteamericanas por producción completamente doméstica elevaría los costos para los fabricantes estadounidenses, reduciría su competitividad frente a Asia y terminaría por encarecer productos para las familias.

Incluso medidas impulsadas por Washington, como los aranceles bajo la Sección 232 al acero, aluminio, terminan afectando a la propia industria estadounidense porque encarecen los insumos que utiliza para producir.

La organización no plantea una revisión inmóvil del tratado, pues acepta que tanto México como Canadá mantienen pendientes de implementación y sostiene que el cumplimiento debe reforzarse.

Pero insiste en que cualquier cambio debe construirse sobre aquello que ya funciona.

Por ello propone tres prioridades: preservar el carácter trilateral del acuerdo; garantizar que los tres gobiernos cumplan plenamente sus compromisos; y concluir la revisión de forma transparente y ordenada para devolver certidumbre a quienes toman decisiones de inversión.

También pide conservar disciplinas que considera esenciales para la competitividad regional, como el comercio digital, la libre circulación de datos, las reglas sanitarias, la facilitación aduanera, las reglas de origen y el Comité de Competitividad de América del Norte.

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