En 2025, Estados Unidos exportó a México 30,600 millones de dólares en productos agrícolas. Casi tres cuartas partes (74.9%) correspondieron a granos, oleaginosas, carne y productos relacionados. En sentido inverso, 70.7% de las importaciones agrícolas estadounidenses desde México fueron frutas, hortalizas, bebidas y destilados, una relación que el USDA describe como complementaria.
Sin embargo, hay un rubro en el que Estados Unidos sí revierte el marcador: los servicios. En 2025, el comercio bilateral de servicios sumó aproximadamente 96,400 millones de dólares. Estados Unidos exportó servicios a México por 52,400 millones y México vendió 44,000 millones al mercado estadounidense. El resultado fue un superávit estadounidense de 8,400 millones de dólares.
En cuanto a la inversión, en 2025, México recibió 15,877 millones de dólares de inversión extranjera directa (IED) proveniente de Estados Unidos, de acuerdo con la Secretaría de Economía. Estados Unidos fue el principal país de origen de la IED, con 38.8% del total de 40,871 millones de dólares que recibió México durante ese año.
Esto implica que el flujo de IED estadounidense aumentó 9.7% respecto a los 14,474 millones de dólares registrados en 2024.
Así, el marcador económico tiene varias columnas: México registra un superávit en bienes, Estados Unidos en servicios; México es un proveedor central de automóviles, electrónicos y alimentos para el mercado estadounidense, mientras depende de su vecino para energía, maquinaria, insumos industriales y productos agropecuarios.
La dimensión de la relación explica por qué la revisión del T-MEC tiene implicaciones que van más allá de una disputa comercial. En 2026, ambos gobiernos han discutido reglas de origen automotrices, acero, aluminio, agricultura y cadenas de suministro.
Por eso, el verdadero partido entre México y Estados Unidos no se juega durante 90 minutos. Se juega cada vez que una pieza automotriz cruza la frontera, cuando un chip entra a una planta, cuando un camión lleva aguacates hacia el norte o cuando una empresa estadounidense decide dónde colocar su siguiente fábrica.