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Venta de autos en México, entre la buena intención y la realidad

Los indicadores sugieren que los mexicanos quieren comprar un auto más que nunca; sin embargo, las ventas de vehículos continúan a la baja.

CIUDAD DE MÉXICO (Expansión). - Si nos guiáramos por el Índice de Confianza del Consumidor, México debería estar vendiendo más autos que nunca. El indicador complementario que refleja los planes de compra de un automóvil en los siguientes dos años alcanzó 13.3 puntos en enero, el nivel más alto en una década, y actualmente se ubica en 13 puntos, un aumento de 36% respecto a febrero de 2018.

Pero la realidad no corresponde a esta percepción. Desde 2016 la venta de vehículos se ha desacelerado y, en 2018, tuvo una caída de 7.1%, la mayor desde la crisis financiera que inició en 2008. Y las expectativas son pesimistas: el sector prevé que la colocación baje por tercer año consecutivo para cerrar 2019 con -4.5%.

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El contraste entre ambos indicadores se debe a factores ajenos a la medición de la confianza del consumidor, un indicador que muestra el estado de ánimo de los consumidores respecto a la situación de la economía nacional y doméstica, explicó Guillermo Rosales Zárate, director general adjunto de la Asociación Mexicana de Distribuidores de Vehículos (AMDA).

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Para el representante del gremio automotriz, hay dos factores de presión que han repercutido en la desaceleración en ventas. El primero es una disminución del poder adquisitivo del sector de ingresos medios-bajos, lo cual afecta directamente al segmento de autos subcompactos, ya que estos usuarios son sus clientes más frecuentes, en parte porque suelen tener bajos costos.

A esto se suma un entorno poco favorable para que los usuarios puedan obtener un financiamiento. Si bien el crédito automotriz ha mantenido niveles competitivos aun ante la racha de alza de tasas de Banxico, los movimientos del banco central han encarecido otros préstamos como los de tarjetas de crédito y personales, lo que ha repercutido en que los consumidores destinen una mayor proporción de sus ingresos a pagarlos. Esto les resta capacidad para financiamientos como el automotriz.

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Sin embargo, la industria podría estar lidiando con otras presiones menos perceptibles y a mayor plazo. A decir de Albrecht Ysenburg, socio líder de la Industria Automotriz de KPMG, México podría estar mostrando signos de una saturación del mercado, lo que se relacionaría con una apuesta de sus mayores mercados -como la Ciudad de México- a transportes alternativos. “En la urbe ya no es tan aspiracional ser dueño de un coche”, dijo.

Además, agregó, a nivel mundial hay una latente incertidumbre respecto de la compra de bienes duraderos como los automóviles, lo cual se está viendo reflejado en mercados tan importantes como Estados Unidos, cuyas ventas han desacelerado desde 2014, según datos del Buró de Análisis Económico (BEA).

La solución no parece estar a la vista. El directivo de la AMDA considera que las arduas condiciones de financiamiento sólo pueden ser contrarrestadas con un fortalecimiento de la economía y del empleo formal, que ayuda a que la colocación crediticia se fortalezca. Mientras tanto, la industria confía en que una mayor oferta comercial les ayudará a atender distintos requerimientos y preferencias de los consumidores para abarcar un mayor mercado.

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