“En México, en particular, no hemos visto un estímulo por parte del gobierno hacia el sector automotriz, lo único positivo es que ya hay una apertura para que en las siguientes semanas [las plantas] reanuden operaciones en Norteamérica”, afirmó Guido Vildozo, analista del sector de IHS Markit, durante un webinar del Instituto de Desarrollo Empresarial Anáhuac (IDEA).
En medio de este contexto retador, las empresas tendrán que echar mano de las mejores prácticas que sus filiales asiáticas han puesto en marcha para reiniciar sus operaciones.
“Prevemos que el reinicio de operaciones ocurrirá, primero, con las plantas de autopartes. Estados Unidos ha dado mucha flexibilidad a los estados sureños para comenzar operaciones. Hay muchas plantas de vehículos en Carolina del Sur y Alabama que posiblemente reanuden operaciones en los próximos siete días y que requerirán muchos componentes de México”, dice Aliet Martínez, especialista en comercio para la región de Latinoamérica en IHS Markit.
“Muchos de los de fabricantes de autopartes son experimentados y ya han tenido reaperturas de sus plantas en China, así es que prevemos que la cadena arrancará sin contratiempos”, añadió.
No obstante, Vildozo aclaró que será un “comienzo lento”. En China, dice, tomó entre seis y ocho semanas restablecer los dos turnos de operación. “Creemos que veremos algo similar en Norteamérica”, dijo el analista.
IHS Markit prevé que la producción de vehículos en Norteamérica ascenderá a 12 millones de unidades en 2020: alrededor de siete millones en plantas estadounidenses, casi tres millones en las mexicanas y unos dos millones en las canadienses.
Vildozo anticipó que, pese a la crisis económica, algunas nuevas plantas de componentes podrían instalarse en Norteamérica motivadas por la sustitución de importaciones asiáticas que persigue el endurecimiento de las reglas de origen dentro del nuevo acuerdo comercial. No obstante, matizó el analista, esto podría incrementar el precio de esos componentes, ya que el costo de producir en Norteamérica es más alto que el de hacerlo en China.
“Creemos que, debido a esto, el costo de producción de los vehículos en Norteamérica va a subir entre 4 y 7%. Las empresas quizá solo transfieran un 1% de eso al consumidor a lo largo del año y absorberán el resto”, dijo.