En concreto, el presidente pide no aumentar las tarifas de combustibles y luz, alcanzar la autosuficiencia energética, no importar gasolinas y no exportar petróleo para extraer "solo el que necesitan las refinerías".
También reitera su meta de producir 2.2 millones de barriles diarios de crudo para 2024, y refinar 1.2 millones de barriles en las seis refinerías actuales y la próxima de Dos Bocas para 2022.
Para alimentar el sistema eléctrico pide que la prioridad sean las hidroeléctricas, después las otras plantas de la CFE, seguidas por las eólicas y solares de los privados, y por último las de ciclo combinado de los particulares.
"En la generación de energía eléctrica, la producción de plantas privadas, sean nacionales o extranjeras, en ninguna circunstancia podrán superar 46% del consumo nacional", reafirma.
Aunque el presidente pide reconocer los contratos suscritos por gobiernos anteriores, también advierte de denuncias penales "de existir pruebas de influyentismo y corrupción".
Asimismo, exige detener nuevos permisos o concesiones a particulares por sobreoferta de petróleo y electricidad, por lo que descarta nuevas subastas para la producción de crudo.
La industria energética vive meses de cambios. López Obrador siempre ha sido claro en su rechazo a la reforma energética del sexenio pasado y, a través de la Secretaría de Energía, ha comenzado a dar pasos para cambiar el rumbo del sector, aunque se ha topado con decisiones judiciales en el camino que han impedido , por ahora, la implementación de su nueva política de confiabilidad energética.
Lo cierto es que los reguladores ya han empezado a cumplir algunos deseos tanto de Pemex como de la CFE. A finales del año pasado, ambas empresas del Estado enviaron una serie de peticiones a la CRE , para que se modificaran varias reglas del sector, que el organismo ha ido realizando.
Con información de Reuters y EFE