Los niveles óptimos para que un vuelo resulte rentable dependen del tamaño del avión, el tipo de ruta e, incluso, condiciones externas, como el precio de combustible. Un análisis de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) publicado en mayo refiere que el promedio a nivel mundial es de 67%.
Incluso, en estos niveles se arriesgan las ganancias, puesto que apenas cuatro compañías de una muestra de 122 empresas podían tener utilidades con ocupaciones inferiores a 62%, mientras que las otras 118 aerolíneas operarían con pérdidas con vuelos por debajo de este nivel, que era el factor de ocupación esperado si las firmas aplicaban medidas de distanciamiento social en sus vuelos, como dejar los asientos de en medio desocupados.
“Para que un vuelo sea rentable se requiere que vaya a un 77% de su capacidad, a partir de ahí es negocio, pero operar a una tercera parte deja pura pérdida”, indica Gómez Suárez.
Más allá de la estrategia para incentivar la demanda, la pregunta es cuánto podrían soportar las aerolíneas volando a bajas capacidades, lo que dependerá de la fortaleza financiera de cada empresa.
“En ocasiones financian la operación de rutas rentables con las que no lo son, es un error estratégico de mercado, porque se ha demostrado que haciendo esto han enfrentado problemas en el largo plazo. Si lo hacen para calentar y estrenar rutas, aquí no gana precisamente el vuelo más barato, sino las condiciones de seguridad”, apunta el especialista.