La filial venezolana, cuyo desembarco se remonta a 2004 tras la adquisición de la operadora Telcel Bellsouth, registró en sus primeros cinco años un desempeño destacado, impulsado por el ingreso promedio por usuario (ARPU) más alto de toda Latinoamérica, según datos históricos de la empresa. Pero la progresiva radicalización de la política de estatizaciones fue atenuando ese brillo inicial.
Aun así, en la actualidad la compañía conserva un portafolio de redes atractivo para potenciales inversionistas interesados en desarrollar un negocio de conectividad, en medio de un contexto marcado por la paulatina reconstrucción del entramado legal y jurídico del país.
Un activo estratégico en un mercado que busca reconstruirse
Telefónica Venezuela, a diferencia de su operación en México, cuenta con bandas espectrales clave como la de 3.5 MHz, aptas para servicios comerciales y aplicaciones de industria 4.0, capaces de implementar redes privadas en el contexto del despliegue de 5G. En México, por ejemplo, esta banda aún se encuentra en fase de estudio para su futura licitación.
A ello se suma que, en febrero de 2025, la compañía anunció un plan de inversión de 500 millones de dólares destinado a la expansión de su red 4G y a optimizar el despliegue de 5G, una inyección de capital que refuerza el valor de sus activos de infraestructura.
Otro de los atractivos que podrían resultar relevantes para los inversionistas es la amplia presencia del operador en el país. Al cierre de 2024, la compañía contaba con el 54.3% de la participación de mercado, frente a sus competidores Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela (CANTV), el operador estatal, y Movilnet.
La filial venezolana, al igual que la operación en México, lleva tiempo en busca de un comprador. Sin embargo, el principal foco ha estado puesto en un postor extranjero más que en uno local, dada la naturaleza intensiva en capital que exige el negocio de las telecomunicaciones.