Isabel Contreras, la administradora y dueña del negocio local, no sólo reconoce cambios de hábitos en los consumidores como una respuesta ante el incremento de precios por el impuesto de los cigarros o refrescos, dos productos que representan buena parte de su venta diaria, sino que también cuenta que el aumento de tarifas se convirtió en un tema recurrente de conversación con sus clientes en el mostrador.
“Hay algunos despistados que no sabían del aumento, sobre todo de los cigarros. Hay quien se enoja y nos reclama, como si de nosotros dependiera”, cuenta la tendera. “Lo que ha pasado es que la gente no deja de fumar, solo cambia los Marlboro por los Chesterfield, que son más baratos porque los otros ya cuestan más de 100 pesos. El vicio es caro”, dice entre risas.
El panorama en la venta de refrescos es similar. Isabel relata que hay quien compra las botellas más pequeñas de 200 mililitros en lugar de las de 500 mililitros, y a la hora de la comida o cena, la opción ya no es una Coca-Cola no retornable de más de 50 pesos, sino presentaciones retornables o de menor tamaño, con un repunte en la demanda de la presentación de 1,350 mililitros.
Los ajustes en el gasto de los consumidores para adquirir en sus tiendas de barrio también generan dinámicas nuevas entre los proveedores de las mercancías y los tenderos. Alma Reyna, quien atiende el negocio familiar en la colonia Morelos, cuenta que para dar un empuje a las ventas, los representantes de marcas de refrescos y jugos optan por promociones como obsequiarles producto en la compra de determinadas piezas, las que pueden vender y tener una ganancia extra.
“Nos regalan productos y nos ayudan para que tengamos más mercancía de la que se vende más. Es una ayudadita y también lo hacen para no perder su comisión”, dice Reyna.
La mala noticia es que las maniobras no son suficientes para mitigar el impacto. La tendera cuenta que aunque sus clientes cambian de presentación o marca, hay un grupo que prefiere no comprar otros productos para mantener en su canasta cigarros, bebidas, jugos o leches. “Compran el cigarro, pero llevan menos huevo, en lugar de llevar por kilo, compran por pieza”, relata.
Las alzas de precio más fuertes son para los cigarros, con incrementos de alrededor de 20 pesos, mientras que para refrescos y bebidas azucaradas, los aumentos varían de acuerdo con su presentación.