La nueva generación de redes móviles abre la puerta a una expansión de servicios asociados al internet de las cosas, redes privadas, ciberseguridad e inteligencia artificial, ámbitos en los que los operadores aspiran a diversificar ingresos y compensar la desaceleración del negocio tradicional de conectividad.
América Móvil era otra de las empresas interesadas en adquirir la operación de Telefónica Chile en alianza con Entel, pero la unión se cayó por motivos que no se revelaron.
En México la tendencia toma impulso derivado del entorno regulatorio y competitivo. Televisa, junto con el fondo de inversión Cerberus, están interesando en adquirir la operación de AT&T, cuyo movimiento implicaría la creación de un jugador robusto en el mercado móvil y fijo.
La operación permitiría a Televisa hacerse de 185.7 MHz de bandas espectrales, además de un negocio mayorista cuyo principal cliente es Movistar, al albergar el tráfico de 23.5 millones de usuarios.
A ello se suma una cartera directa de 24.7 millones de clientes móviles, de los cuales 73.4% corresponde a prepago y 26.6% a pospago. Aunque este último segmento es menor en volumen, concentra al consumidor de mayor valor para los operadores.
En este escenario, la consolidación deja de ser una hipótesis para convertirse en el eje que definirá el futuro del sector en la región. Con ingresos que crecen a menor ritmo, mayores exigencias de inversión y un usuario cada vez más digital, los operadores apuestan por ganar escala para sostener rentabilidad y financiar la transición hacia nuevos negocios.
El reacomodo apenas comienza y anticipa un mapa con menos jugadores, pero más robustos, en una industria que busca reinventarse para no quedar rezagada frente a la transformación tecnológica que ella misma ayudó a impulsar.