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Reformas laborales encarecen la nómina, pero no explican la pérdida de empleo

Especialistas atribuyen el menor dinamismo laboral a inversión débil y cautela empresarial.
lun 23 febrero 2026 10:00 AM
Las reformas laborales elevan el costo de la nómina, pero la caída del empleo tiene otras causas
El IMSS reportó 22.5 millones de empleos formales al cierre de enero de 2026 y una caída mensual de 8,104 plazas. (iStock)

El debate sobre empleo ha acompañado las reformas laborales recientes. El aumento al salario mínimo, la ampliación de días de vacaciones y la discusión sobre la jornada de 40 horas han reactivado una pregunta entre empresas y trabajadores: si la nómina cuesta más, ¿habrá menos contrataciones?

Antonio Díaz, director de Recursos Humanos de Coca-Cola FEMSA, reconoce que los cambios laborales sí tienen un efecto inmediato en las empresas, aunque no necesariamente en el sentido que suele asumirse.

“Existen impactos en términos de costo, sí sin duda… en el corto plazo lo principal que se puede percibir es un impacto importante en los ajustes en los costos laborales de las organizaciones”.

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El aumento al salario mínimo, la ampliación de vacaciones y la posible reducción de la jornada elevan la operación. La pregunta no es si hay costo, sino cómo reaccionan las compañías ante ese ajuste.

Para Díaz, el resultado no es automáticamente la eliminación de puestos. “Creo que también eso se puede traducir en una oportunidad en donde hay más gente y que puede haber más recursos para consumir nuestros productos”.

El análisis de ManpowerGroup va en la misma dirección. La firma de reclutamiento observa cambios dentro de las organizaciones, pero no precisamente una ola de despidos.

Beatriz Robles, directora de Operaciones de Manpower México, señala que el comportamiento del empleo no puede explicarse solo por las reformas laborales. “La situación actual del empleo en México no puede atribuirse de manera directa y exclusiva a las recientes modificaciones en la política laboral”.

En la práctica, las empresas están ajustando su funcionamiento. “Lo que observamos no es necesariamente una eliminación de puestos, sino procesos de reorganización operativa, automatización selectiva o redefinición de perfiles dentro del ámbito laboral”. El efecto, entonces, no siempre es menos trabajo, sino trabajo distinto.

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Para dimensionar el debate, las cifras de empleo formal no muestran una desaparición masiva de puestos, pero sí un menor dinamismo.

De acuerdo con el Instituto Mexicano del Seguro Social, al cierre de enero de 2026 había 22 millones 508,972 empleos formales registrados en el país. Sin embargo, durante ese mismo mes se perdieron 8,104 plazas respecto a diciembre, la primera caída para un mes de enero desde 2009.

El contraste ayuda a entender la percepción. El empleo no se desplomó, pero dejó de crecer al ritmo esperado. A tasa anual todavía hay creación de puestos, aunque más lenta y con menor apertura de nuevas vacantes.

Ese comportamiento coincide con lo observado por ManpowerGroup. Las empresas no están despidiendo personal de forma generalizada, están siendo más cautelosas al contratar. La diferencia es sutil pero relevante, y el ajuste ocurre en la contratación futura, no siempre en la plantilla actual.

Ahí es donde las reformas laborales entran en la conversación. El aumento del costo laboral sí modifica decisiones empresariales, pero según especialistas, suele reflejarse primero en la velocidad de crecimiento del empleo antes que en una ola de despidos.

La lectura desde la Asociación Mexicana de Empresas de Capital Humano (AMECH) apunta en la misma dirección. Para su presidente, Francisco Domene, el fenómeno no corresponde a una desaparición de empleos, sino a un menor ritmo de contratación.

“Desde mi perspectiva, no hablaría de ‘destrucción de empleos’, sino de un ajuste en el ritmo de generación de nuevas plazas en un entorno económico complejo”.

Las reformas laborales, añade, buscan corregir rezagos históricos del mercado mexicano. “Es cierto que estos cambios han implicado un incremento en los costos laborales; sin embargo, no considero que sean, por sí mismos, la causa directa de la reducción de oportunidades laborales”.

Desde su perspectiva, la cautela empresarial responde más al entorno económico. La inversión, la incertidumbre global y las tensiones comerciales influyen en la decisión de abrir nuevas vacantes antes que los cambios en prestaciones o salarios.

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