La empresa, fundada en Monterrey, Nuevo León, en 1994, mantenía una oferta específica partiendo de Ciudad de México a destinos como Puerto Escondido, Huatulco, Riviera Maya, Cancún, Costa Mujeres y Mérida, así como de Monterrey a Puerto Vallarta y destinos en el sureste.
Pero su portafolio no solo incluía vuelos, ya que también contemplaba paquetes turísticos hacia hoteles como Flamingo Resort en Cancún y Las Brisas en Huatulco, de tal manera que su detenimiento repentino de operaciones también implicará el buscar el mejor acuerdo con sus socios comerciales.
“Esto también va a traer consigo identificar o tener contacto con los distintos servicios turísticos, como suelen ser prestadores de servicio de hoteles, para ver cómo se va a venir arreglando esta situación y por las posibles cancelaciones que implica el hecho de no estar volando en estos momentos”, comenta Julio Zugasti, especialista del sector aéreo en Hogan Lovells.
De acuerdo con lo dicho por el titular de la Profeco esta mañana, ésta ya abrió una revisión formal del asunto para esclarecer posibles incumplimientos con los consumidores. Los analistas estiman que, considerando las indemnizaciones que se deberá de dar a clientes, además de los posibles adeudos con el propio personal de la aerolínea, así como acuerdos reparatorios con socios comerciales, si Magnicharters decide volver a volar le costará varios millones de pesos.
“Será importante analizar si pudiera inyectarse algún tipo de liquidez en estas dos semanas siguientes, por un lado porque involucrará una posible reparación en favor de los pasajeros y paralelamente con los temas de servicios turísticos y a su vez, dentro de los puntos más relevantes, al propio personal de la compañía en el sentido en el que muchas de las actividades que van a estar impactadas”, agrega Zugasti.
Hasta el momento el perfil de X de la compañía luce desértico. Su última publicación fue el pasado sábado donde informó el detenimiento de operaciones por las siguientes dos semanas, luego de que un día antes, el viernes, aún publicitara a través de esta red un viaje a Huatulco, asegurando que se trataba de “una tarifa de último momento”.
Para Zugasti y Avilés, es complicado que Magnicharters vuelva a retomar operaciones, pues históricamente en México, cuando una aerolínea detiene operaciones, no vuelve a volar.
“Ojalá que sí puedan, porque pues siempre es muy feo que una aerolínea deje de volar, pero pues lo que hemos visto en el mundo y lo que hemos visto en la vida es que cuando una aerolínea deja de volar es muy difícil que retome el vuelo… Lo veo complicado por cómo está la empresa y las deudas que debe tener”, expone Avilés.
Hoy la empresa, que hasta febrero de este año concentraba el 0.2% del mercado doméstico, no ha dicho más información sobre sus próximos movimientos, pero la historia parece repetirse: los adeudos de las aerolíneas generan tal turbulencia que se vuelve difícil retomar el vuelo.
“Como siempre sucede en la aviación mexicana, las empresas se empiezan a endeudar y luego ya no pueden ir pagando, es como un patrón de todas las aerolíneas que han ido quebrando, pensemos en Mexicana, Aeromar, Aviacsa, Interjet, etcétera. ¿Por qué? Porque es un sector bien complicado, bien delicado, sus rentabilidades son muy bajas y no hay apoyos por parte del gobierno”, añade Avilés.