Esta tendencia es interpretada por algunos como señal de cautela. Los tonos más sobrios y el uso de telas durables, como la mezclilla, son indicios de un entorno económico menos dinámico y reavivan teorías relacionadas con el largo de las faldas obedece a la bonanza económica, hasta el retorno de lo vintage.
Dentro de la industria, la lectura toma otra forma. La moda sigue sus propios códigos y responde a decisiones creativas, posicionamiento de marca y dinámicas globales, más que a los ciclos económicos. Las colecciones nacen de una mezcla de inspiración, estrategia y mercado.
Eduardo Martín, vicepresidente corporativo del conglomerado colombiano STF Group, dueño de las tiendas Studio F, responde a la relación entre moda y economía: “yo no creo en eso”, dice el directivo, mientras enlista el comportamiento de los colores según el mercado. “El color que más se vende en Nueva York es el negro. El color que más se vende en Grecia es el rojo. El color que más se vende en Portugal es el amarillo, el más vendido en Europa entre mujeres de entre 50 y 80 años es el negro, y entre 15 y 28 años son los colorines”, refiere.
De acuerdo con comentarios de un perfil con experiencia en la industria, no existe evidencia de que, en temporadas de crisis económicas, las marcas ajusten de manera sistemática sus colecciones hacia colores neutros o telas más resistentes. “Estos factores suelen responder a decisiones de diseño, posicionamiento de marca y tendencias del mercado, más que a una regla directa vinculada a ciclos económicos”, dice.
Los expertos destacan que, si bien en algunos casos puede observarse una mayor inclinación hacia propuestas versátiles o comerciales, no es un comportamiento uniforme ni generalizado en toda la industria, que vincula sus colecciones al posicionamiento de marca, la identidad creativa y las tendencias globales.