Ahí empezó a crecer la tensión interna. Musk quería más control sobre producto, diseño y estrategia. Eberhard seguía siendo el fundador y CEO, pero la presión por entregar el primer auto aumentaba.
En agosto de 2007, Eberhard dejó el puesto de CEO a petición del consejo. Pasó brevemente a un rol tecnológico. Poco después salió de la empresa. Tarpenning también se fue en 2008.
La crisis de 2008 convirtió a Musk en el rostro definitivo de Tesla
Tesla llegó a 2008 en una situación crítica. El Roadster ya estaba en producción, pero la empresa enfrentaba retrasos, gastos altos y un contexto financiero global adverso.
Ese año, Ze’ev Drori logró llevar el primer Roadster funcional a las calles. La primera unidad fue entregada al propio Elon Musk en febrero de 2008. Fue un hito para la empresa, pero no resolvió sus problemas financieros.
En octubre de ese año, Musk asumió como CEO. Una de sus primeras decisiones fue recortar personal para reducir gastos. Tesla estaba al borde de quedarse sin dinero.
La compañía sobrevivió gracias a una ronda de deuda convertible por 40 millones de dólares aprobada por el consejo. Musk después describió ese momento como una supervivencia de último minuto: el financiamiento se cerró en Nochebuena de 2008.
La disputa legal mostró que también había una pelea por el relato
El conflicto no terminó con la salida de Eberhard. En 2009, el cofundador demandó a Tesla y a Musk por incumplimiento de contrato y difamación.
El punto de fondo era más grande que una pelea personal. Eberhard reclamaba que Musk se estaba presentando como fundador de Tesla y que su papel original estaba siendo desplazado.
El caso se resolvió fuera de tribunales y los términos no fueron públicos. Pero dejó una consecuencia visible: Tesla reconoció legalmente a cinco fundadores.
La lista incluye a Martin Eberhard, Marc Tarpenning, Ian Wright, J.B. Straubel y Elon Musk.
Ese reconocimiento legal no cambió la percepción pública. La narrativa dominante siguió siendo “la Tesla de Elon Musk”.