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Guajardo recomienda a gasolineros “una rebeldía silenciosa” ante control de precios de combustible

El exfuncionario dijo que los empresarios no pueden ser obligados a vender un producto con el que pierdan dinero en lugar de ganar.
jue 14 mayo 2026 12:59 PM
Ildefonso Guajardo tiene una propuesta para enfrentar el control del precio de la gasolina: una "rebeldía silenciosa"
Ildefonso Guajardo, exsecretario de Economía, durante su participación en Onexpo. ( Diana Gante)

Mérida, Yucatán.- El salón estaba lleno de empresarios gasolineros cuando Ildefonso Guajardo, exsecretario de Economía, lanzó una recomendación que, sin llamar abiertamente a la confrontación, sonó como una advertencia sobre el rumbo que puede tomar el mercado de combustibles en México.

Y es que frente a la presión que enfrentan las estaciones de servicio por el control de precios implementado por el Gobierno federal a la gasolina regular y al diésel, el extitular de Economía sugirió al gremio analizar de manera minuciosa su mercado y –de ser necesario– dejar de vender combustible si ello implica operar con pérdidas; algo que calificó como una “rebeldía silenciosa”.

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La declaración fue pronunciada durante la Convención Onexpo 2026, ante cientos de empresarios que enfrentan un entorno cada vez más complejo por los márgenes limitados y las dificultades de suministro.

“No como una decisión colectiva, sino como una decisión individual que se puede reproducir en cientos de miles y, en ese escenario, la crisis de distribución y la importancia del papel que ustedes juegan en el sector va a ser fundamental. Cualquiera en lo individual debe tomar esas decisiones por salud de sus propios negocios”, apuntaló Guajardo.

Mercado bajo presión

El exfuncionario reconoció que el sector atraviesa una “situación terrible” al tratar de operar bajo una política que, dijo, ya había quedado atrás tras la reforma energética de 2013: el control de precios.

“Sé que están pasando por un momento terrible, este país está regresando a algo que ya habíamos enterrado que es el control de precios. El gobierno no entiende que el control de precios no funciona, el producto más caro es aquel que no se consigue, y con el control de precio lo único que generamos es escasez”, puntualizó.

Guajardo consideró entendible que el Gobierno federal busque contener el impacto social e inflacionario de los combustibles caros, aunque advirtió que las distorsiones de mercado terminan generando costos adicionales.

“Resulta entendible que el Gobierno tenga temor de las consecuencias de los precios altos del combustible, por las consecuencias sociales e inflacionarias que genera; es uno de los costos que a veces se tienen que afrontar en el proceso”, dijo.

El exsecretario insistió en que la solución no pasa por liberar completamente los precios sin regulación, sino por permitir que el mercado y la competencia funcionen como mecanismo de ajuste.

“Por eso es importante la competencia, porque eso te ayuda a que el precio no sea excesivo; si alguien quiere exagerar habrá quien ofrezca un mejor precio, así funciona el mercado”, añadió.

También cuestionó la viabilidad de exigir a los empresarios vender combustibles sin márgenes de rentabilidad.

“A un empresario no le puedes pedir que haga lo imposible, no le puedes pedir que venda un producto que no tiene utilidades y genera pérdidas. Y si tienes capacidad de hacerse cargo, a través de las empresas del Estado, de responsabilizarse de la distribución, pues entonces distribuye tú si hay la capacidad de distribución (…) pero la solución no son precios controlados”, afirmó.

Problemas de abasto

Las estaciones de servicio enfrentan actualmente varios frentes de presión. Por un lado, un precio máximo de 24 pesos por litro para la gasolina regular y de 27 pesos para el diésel; por otro, márgenes operativos insuficientes y problemas crecientes de abasto.

En algunas gasolineras ya se han registrado faltantes de gasolina regular y diésel para venta al público. Inicialmente, el fenómeno se concentró en regiones alejadas de terminales de almacenamiento y reparto de Pemex, donde los costos logísticos dificultan mantener operaciones rentables.

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Sin embargo, la situación comenzó a extenderse a zonas urbanas y del centro del país, incluida la Ciudad de México, donde algunas estaciones únicamente ofrecen gasolina premium o han tenido que cerrar temporalmente mientras consiguen suministro.

Empresarios del sector aseguran que el problema no responde a una falta física de combustibles, sino a un cambio abrupto en los flujos de compra.

Muchas estaciones que tradicionalmente adquirían combustible importado, comprado a precio de mercado y sin descuentos, comenzaron a recurrir a Pemex luego de que la petrolera estatal ofreciera diésel al mayoreo con un descuento de 90 centavos por litro por instrucciones del gobierno federal.

La medida elevó de manera súbita la demanda sobre Pemex, que ahora enfrenta dificultades para abastecer un mercado que anteriormente era atendido parcialmente por importadores privados.

El episodio comienza a reflejar las tensiones entre el objetivo gubernamental de contener la inflación energética y la viabilidad operativa de los distribuidores privados, en un mercado que desde la reforma energética buscaba operar bajo criterios de competencia.

En ese contexto, la “rebeldía silenciosa” planteada por Guajardo no fue presentada como una movilización organizada del gremio, sino como una reacción empresarial individual frente a un entorno que, según el exfuncionario, amenaza con volver insostenible la operación de muchas estaciones de servicio.

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