La discusión escaló el pasado 24 de junio, cuando la presidenta, Claudia Sheinbaum, rechazó que los eventos registrados en distintos estados del país deban catalogarse como apagones.
“Apagones son mucho tiempo y significa falta de capacidad de generación; son interrupciones en el servicio en algunos lugares, producto de las fallas en distribución, más que en generación; es decir, no son suficientes las líneas para distribuir la energía. Entonces, apagones significa que no hay la capacidad de generación suficiente para la demanda y eso no existe (en México)”, afirmó la mandataria.
Sheinbaum explicó que durante los días de mayor calor, cuando millones de personas encienden simultáneamente ventiladores y sistemas de aire acondicionado, la red de distribución enfrenta sobrecargas. “Por eso está CFE, trabajan muy rápido para poder restablecer las interrupciones”, añadió.
El debate semántico oculta un problema estructural
Pero para especialistas del sector, concentrar el debate en la definición desvía la atención del verdadero desafío: la resiliencia del sistema eléctrico frente a un incremento sostenido de la demanda.
Durante los últimos años, el crecimiento industrial asociado al nearshoring elevó el consumo eléctrico de parques industriales y nuevas plantas manufactureras. A ello se suman factores estacionales y climáticos, como las olas de calor que disparan el uso de equipos de climatización y, este verano, la llegada de millones de visitantes internacionales por la celebración de partidos del Mundial 2026, lo que incrementó el consumo en hoteles, restaurantes, centros comerciales y servicios turísticos.
A ello se suman factores estacionales y climáticos y en el que cualquier contingencia puede traducirse en interrupciones del suministro.
La CFE aseguró en un posicionamiento enviado a Expansión posterior a la publicación de este artículo que sí incorpora el crecimiento de la demanda eléctrica dentro de la planeación del Sistema Eléctrico Nacional. El Plan de Fortalecimiento y Expansión 2025-2030 contempla una inversión superior a 30,000 millones de dólares en generación, transmisión y distribución, incluyendo 3,994 MW de nueva capacidad firme de CFE y 14,000 MW en esquemas mixtos con almacenamiento de baterías.
Su planeación también considera nuevos polos de consumo, como centros de datos, con una demanda proyectada de 1,500 megawatts dentro de escenarios de crecimiento del sistema eléctrico.
Respecto a factores estacionales y climáticos, la CFE dijo contar con herramientas de monitoreo y respuesta preventiva como el Sistema Nacional para la Atención de Emergencias (SISNAE), el cual monitorea en tiempo real fenómenos meteorológicos como huracanes, frentes fríos y ondas de calor, con el objetivo de anticipar afectaciones y posicionar equipos en zonas críticas.
Esto no implica la ausencia de fallas en el suministro, sino una mayor capacidad para atenderlas de forma ágil y minimizar su impacto.
La consultora Admonitor Energy Analytics define un apagón o blackout como una condición extraordinaria que interrumpe el suministro eléctrico por causas fuera del control del operador del sistema, en este caso el Centro Nacional de Control de Energía (Cenace).
Las causas pueden ser múltiples: la salida inesperada de una central eléctrica, la falla de una línea de transmisión o distribución, un desbalance entre la generación y la demanda o la activación automática de sistemas de protección para evitar daños mayores.
“Esas suspensiones del servicio nos muestran que nuestro sistema sigue siendo vulnerable, ya sea por falta de capacidad de transmisión o de generación, a que no hay redundancia con otros circuitos para mantener el suministro en un momento de contingencia”, explicó Admonitor Energy Analytics en entrevista con Expansión.
Sobre esto, la CFE reconoció que los reportes de interrupciones deben revisarse técnicamente caso por caso, pues pueden responder a causas distintas, como fenómenos meteorológicos, caída de ramas o árboles, descargas atmosféricas, daños ocasionados por terceros, afectaciones en infraestructura o eventos focalizados en redes de distribución, ya que no todos los eventos de interrupción en el suministro corresponden a una falta de capacidad de generación o a una condición extraordinaria del sistema eléctrico nacional.