México se mantiene como el séptimo productor mundial de vehículos, con una fabricación cercana a cuatro millones de unidades al año. Sin embargo, esa capacidad contrasta con la composición del mercado doméstico. Durante el primer semestre de 2026, el 69.7% de los vehículos vendidos en México fueron importados, una proporción superior al 66.2% registrado en el mismo periodo del año anterior, de acuerdo con cifras del Inegi.
El fenómeno responde, en buena medida, a la estructura productiva que se consolidó desde la entrada en vigor del TLCAN, antecesor del T-MEC. Durante ese periodo, las armadoras privilegiaron la fabricación para exportación debido a los mayores márgenes y al tamaño del mercado estadounidense.
Actualmente, el precio promedio de un vehículo nuevo en Estados Unidos ronda los 51,000 dólares, equivalentes a más de 893,000 pesos, mientras que en México se ubica en alrededor de 28,550 dólares, aproximadamente 500,000 pesos, lo que refleja mercados con escalas y niveles de rentabilidad distintos, según datos de KBB, una empresa estadounidense que ofrece guías de precios y valoraciones de vehículos nuevos y usados.
Reconfigurar plantas para atender el mercado mexicano
Para Eric Ramírez, director para América Latina y el Caribe de Urban Science, la nueva política comercial estadounidense obliga a las armadoras a replantear un esquema de manufactura que durante décadas estuvo diseñado para abastecer el exterior.
“Son plantas muy grandes y clústers muy grandes con volúmenes gigantes de 300,000 unidades. Eso obviamente no lo absorbe el mercado doméstico. Tendrán que hacer una muy buena ingeniería sobre cómo en el mismo espacio físico pueden reconfigurar las líneas de producción para hacer una producción más pequeña, de menos escala, que atienda necesidades del mercado doméstico o un volumen de exportación más pequeño como el de Latinoamérica”, explicó en entrevista con Expansión.
El especialista estima que este proceso tomaría entre dos y cuatro años, ya que implica modificar líneas de producción, ajustar economías de escala y redefinir cadenas de suministro que hoy dependen del mercado estadounidense.
A ello se suma la necesidad de brindar certidumbre jurídica para nuevas inversiones y fortalecer la fabricación nacional de autopartes y componentes.
Desde su perspectiva, el Plan México representa un punto de partida, pero el nuevo entorno exige una estrategia más amplia y focalizada en preservar la competitividad de industrias que dependían de las exportaciones hacia Estados Unidos.
“El Plan México busca desarrollar industrias en donde antes no había, pero ahora se necesita definitivamente un Plan México 2.0 ante esta posición de Estados Unidos. Se necesita un plan mucho más robusto porque ahora el reto es cómo mantienes a flote industrias que dependían de la exportación hacia Estados Unidos”, sostuvo.