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Vender más autos hechos en México al mercado local suena lógico, pero no es tan fácil como parece

La negativa de EU de prorrogarel T-MEC llevaría a las automotrices a reorientar parte de su producción hacia México, un cambio que requerirá incentivos, proveedores locales y hasta cuatro años de adaptación.
Un Plan México 2.0 y tiempo: las necesidades de la producción automotriz
La mayoría de los autos que se venden en México son importados, con un porcentaje de 69.7% del total, una cifra que creció desde el 66.2% que se ubicaba el año pasado. (Thomas Kronsteiner/Getty Images)

La decisión del gobierno de Estados Unidos, encabezado por el presidente Donald Trump, de no prorrogar el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) por 16 años más abrió un nuevo escenario para la industria automotriz mexicana, que durante más de tres décadas estructuró su crecimiento bajo un modelo orientado a la exportación, principalmente hacia el mercado estadounidense.

Aunque una de las alternativas parecería ser redirigir parte de la producción hacia el mercado nacional, especialistas del sector advierten que la transición requerirá años de inversión, incentivos gubernamentales y una estrategia industrial más profunda para desarrollar proveedores locales y hacer rentable fabricar vehículos destinados al consumo interno.

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México se mantiene como el séptimo productor mundial de vehículos, con una fabricación cercana a cuatro millones de unidades al año. Sin embargo, esa capacidad contrasta con la composición del mercado doméstico. Durante el primer semestre de 2026, el 69.7% de los vehículos vendidos en México fueron importados, una proporción superior al 66.2% registrado en el mismo periodo del año anterior, de acuerdo con cifras del Inegi.

El fenómeno responde, en buena medida, a la estructura productiva que se consolidó desde la entrada en vigor del TLCAN, antecesor del T-MEC. Durante ese periodo, las armadoras privilegiaron la fabricación para exportación debido a los mayores márgenes y al tamaño del mercado estadounidense.

Actualmente, el precio promedio de un vehículo nuevo en Estados Unidos ronda los 51,000 dólares, equivalentes a más de 893,000 pesos, mientras que en México se ubica en alrededor de 28,550 dólares, aproximadamente 500,000 pesos, lo que refleja mercados con escalas y niveles de rentabilidad distintos, según datos de KBB, una empresa estadounidense que ofrece guías de precios y valoraciones de vehículos nuevos y usados.

Reconfigurar plantas para atender el mercado mexicano

Para Eric Ramírez, director para América Latina y el Caribe de Urban Science, la nueva política comercial estadounidense obliga a las armadoras a replantear un esquema de manufactura que durante décadas estuvo diseñado para abastecer el exterior.

“Son plantas muy grandes y clústers muy grandes con volúmenes gigantes de 300,000 unidades. Eso obviamente no lo absorbe el mercado doméstico. Tendrán que hacer una muy buena ingeniería sobre cómo en el mismo espacio físico pueden reconfigurar las líneas de producción para hacer una producción más pequeña, de menos escala, que atienda necesidades del mercado doméstico o un volumen de exportación más pequeño como el de Latinoamérica”, explicó en entrevista con Expansión.

El especialista estima que este proceso tomaría entre dos y cuatro años, ya que implica modificar líneas de producción, ajustar economías de escala y redefinir cadenas de suministro que hoy dependen del mercado estadounidense.

A ello se suma la necesidad de brindar certidumbre jurídica para nuevas inversiones y fortalecer la fabricación nacional de autopartes y componentes.

Desde su perspectiva, el Plan México representa un punto de partida, pero el nuevo entorno exige una estrategia más amplia y focalizada en preservar la competitividad de industrias que dependían de las exportaciones hacia Estados Unidos.

“El Plan México busca desarrollar industrias en donde antes no había, pero ahora se necesita definitivamente un Plan México 2.0 ante esta posición de Estados Unidos. Se necesita un plan mucho más robusto porque ahora el reto es cómo mantienes a flote industrias que dependían de la exportación hacia Estados Unidos”, sostuvo.

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Los datos muestran la magnitud del desafío. Entre enero y julio de este año se produjeron 1.99 millones de vehículos, de los cuales 1.69 millones se destinaron a la exportación, equivalente al 84.6% del total.

Proveedores e incentivos para fabricar de México hacia México

Para Guillermo Rosales, presidente de la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automotores (AMDA), la transformación del modelo productivo solo será viable si existe una política pública enfocada en desarrollar una red de proveeduría nacional competitiva.

“Deberá de existir una red de proveeduría que en términos de costo haga viable la manufactura en México y todo esto es complejo, porque tiene que alinearse y en ese punto es donde los incentivos de los gobiernos federales y estatales hacen sentido para poder tener una toma de decisiones que incremente la producción local”, señaló en entrevista con Expansión.

El directivo considera que la estrategia no puede limitarse únicamente a la manufactura, sino que también debe estimular la demanda interna de vehículos ensamblados en el país.

Entre las opciones plantea implementar incentivos fiscales similares a los utilizados por Estados Unidos para promover la compra de vehículos fabricados localmente.

Actualmente, recordó, la deducción del Impuesto Sobre la Renta (ISR) para la adquisición de vehículos de combustión está limitada a 175,000 pesos, un monto que permanece sin cambios desde 2008 y cuya recuperación fiscal se realiza en un periodo de cuatro años.

Como alternativa, propone establecer de manera temporal una deducción acelerada para quienes adquieran vehículos hechos en México, reduciendo el plazo de recuperación a dos años como un incentivo para fortalecer el mercado interno.

De concretarse un cambio estructural, especialistas coinciden en que la transición no dependerá únicamente de la capacidad de adaptación de las armadoras, sino también de una política industrial que combine incentivos, desarrollo de proveedores locales, certidumbre para la inversión y mecanismos para impulsar el consumo de vehículos fabricados en México.

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