Conforme esa capacidad aumentó, también surgió la necesidad de fabricar más componentes dentro del país. Así, en 1962, Ford adquirió la planta de Studebaker y la transformó en la Planta de Operaciones de Exportación, ubicada en el municipio de Tlalnepantla, Estado de México. Ahí se producían monoblocks, chumaceras, cabezas de cilindro, cubiertas de embrague y herramientas de precisión utilizadas en plantas nacionales y extranjeras.
Aunque fue un complejo de dimensiones más reducidas, desempeñó un papel importante para fortalecer la industria mexicana de autopartes y aumentar la participación de componentes nacionales en los vehículos ensamblados en México.
Evolución en la industria automotriz mexicana
A medida que el sector automotor crecía, Ford también transformó sus operaciones en México. La planta en el municipio de Cuautitlán, Edomex, comenzó fabricando motores V6 y V8 y posteriormente incorporó el ensamble de las camionetas F-150 y F-250. Más adelante sumó modelos como Mustang, Topaz, Thunderbird, Cougar, Taurus, Mercury Grand Marquis, Contour, Mystique, Ikon y Fiesta, reflejando la evolución de la producción de la marca en el país.
Un nuevo capítulo llegó en 2020, cuando ese complejo comenzó a fabricar el Mustang Mach-E, el primer vehículo 100% eléctrico de producción masiva hecho en México y exportado a más de 41 países.
Mientras la estrategia de ensamble avanzaba, Ford también amplió su capacidad para fabricar motores. En 1983 inició operaciones la Planta I de Chihuahua; después abrió una segunda instalación dedicada a motores diésel en 2009 y una tercera en 2018 para producir motores de gasolina de tres cilindros y 1.5 litros. Ese mismo año también comenzó a operar la planta de Hermosillo, cuya ubicación permitió reducir costos logísticos y fortalecer la producción destinada a distintos mercados.