El debate sobre opinión e información
Las preocupaciones de TV Azteca coinciden con los argumentos presentados por la CIRT, organismo que agrupa a los concesionarios de radio y televisión del país.
La cámara sostuvo que el proyecto incorpora disposiciones ambiguas que podrían dar lugar a una aplicación discrecional por parte de la autoridad, particularmente porque la CRT tendría la posibilidad de revisar, mediante recursos de inconformidad, las resoluciones emitidas por las personas defensoras de las audiencias de los propios concesionarios.
“El gobierno terminará diciendo qué contenidos, incluidos informativos, se pueden transmitir y cuáles no”, señaló la CIRT en un comunicado.
Para el organismo, el esquema de sanciones y la falta de precisión sobre las obligaciones de los medios generan incertidumbre regulatoria para el sector.
Jorge Bravo , presidente de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (AMEDI) y especialista en telecomunicaciones, consideró que la regulación de los derechos de las audiencias es necesaria, pero cuestionó el alcance del proyecto.
“El gobierno no quiere que se le critique y si se hace quiere ejercer algún mecanismo de control. Ese es el trasfondo, a diferencia de lo que el IFT buscó hace 12 años, que era solo aplicar lineamientos”, afirmó.
El especialista sostuvo que el proyecto podría afectar especialmente a los medios con una línea editorial crítica, no solo por la posibilidad de procedimientos administrativos, sino por el impacto económico que tendrían las sanciones.
“Los lineamientos podrían utilizarse como una herramienta para ejercer presión sobre los medios de comunicación”, advirtió.
Bravo también señaló que la obligación de distinguir entre información noticiosa y opinión, aunque persigue un objetivo legítimo, podría resultar difícil de aplicar en la práctica y generar interpretaciones que afecten el ejercicio periodístico.
A ello se suma, dijo, el margen de interpretación previsto en el esquema de multas de entre 0.01% a 1% de los ingresos acumulables de los concesionarios.
“Esa falta de precisión abre un espacio de discrecionalidad en el que pueden intervenir factores políticos y eso puede representar uno de los principales riesgos de la regulación”, sostuvo.