“Mexicana de Aviación podría tener mayor ocupación y rentabilidad si obtiene rutas desde el AICM, incluso si abre rutas desde el aeropuerto de Toluca”, opina. “No sé qué tanto tema político tenga Mexicana que solo pueda volar desde el AIFA, cuando lo que tendría que hacer es expandir un poco sus operaciones con el objetivo de dejarla tener más rentabilidad. Tienes que dejar que la aerolínea fluya sola, que crezca sola y siga buscando su mercado”.
Los expertos del sector cuestionan lo certero que ha sido dejar en manos de las fuerzas castrenses el sistema aéreo, principalmente, por el factor comercial y de crecimiento, sobre todo, en la ZMVM, porque los datos no exponen un sólido crecimiento en cuanto a flujo de pasajeros en la región. Después de que la Secretaría de Marina comenzó a tomar el control y a operar formalmente el AICM en octubre de 2023, no ha existido una consolidación en el mercado aéreo, ni siquiera al sumar las operaciones del AIFA.
El año pasado, los dos aeropuertos, en conjunto, sumaron 51.7 millones de pasajeros, lo que significó un crecimiento de solo el 2.8% por encima del máximo transportado por el AICM en 2019, antes de la contingencia sanitaria, cuando el volumen fue de 50.3 millones.
“Sumando el AICM y Santa Lucía, estamos hablando que casi no se ha movido el número de pasajeros de 2019 a 2025, y esto es un costo de oportunidad muy importante”, dice Julio Serrano Espinosa, presidente del Centro de Estudios Espinosa Yglesias, que compara el comportamiento de la terminal mexicana con la del aeropuerto de Estambul, en Turquía, el país con el que México disputa la sexta posición en el ranking mundial de países más visitados. La terminal turca, construida por un consorcio privado, trasladó en 2019 más de 52 millones de pasajeros, que aumentaron a 84.5 en 2025, un alza del 62.5%.
“¿Qué pasaría si hubiéramos crecido algo similar? Lo digo por el número de turistas y el desarrollo económico que esto hubiese generado”, agrega.
Lo anterior hace que los especialistas se cuestionen la viabilidad de las fuerzas armadas al frente de un sector tan dinámico como el aéreo, en el que no contar con un plan efectivo de negocio o una hoja clara de ruta pasa factura en las oportunidades de crecimiento. Hasta ahora, las autoridades no han presentado nada similar en torno a Mexicana.
Un vuelo en tiempo real
Pero por las características de la aerolínea, la expectativa no radica en ver números con ganancias exorbitantes, sino en el cambio que la estatal genera en la realidad de la población que quiere llegar a determinados destinos, pero que no puede hacerlo de manera directa por falta de conectividad.
Por ejemplo, en el caso de la estatal Servicio Aéreo a Territorios Nacionales (SATENA) de Colombia, que sería el equivalente a Mexicana al ser propiedad del gobierno y operar bajo control de la Fuerza Aérea Colombiana, sus flujos operativos no siempre se traducen en ganancias, ya que desde su fundación, en 1962, buscó conectar regiones que las aerolíneas comerciales no estaban interesadas en atender.
“Una compañía aérea pública no solamente hay que evaluarla en el contexto de la rentabilidad financiera, sino también dentro de la rentabilidad social. Muchas veces, ese déficit económico se ve compensado con los beneficios sociales que se generan, pero, evidentemente, hay que hacer la cuenta de ambas cosas. En el caso de que los beneficios sociales sean inferiores a las pérdidas económicas, esa aerolínea estaría sustrayendo”, comenta Llamazares.
Mexicana parece tener un vuelo menos complicado en comparación con los cielos en los que inició. Ya tiene aviones, el número de vuelos y pasajeros va en ascenso, y el respaldo gubernamental le permite operar sin las mismas presiones que enfrentan las aerolíneas privadas. La historia de Mexicana continúa tejiéndose en tiempo real.
La expectativa ahora es que llegue a mejorar la conectividad en el país, y aunque ya cuenta con las herramientas para hacerlo, es decir, con los aviones, aún tiene que demostrar si puede mantener el vuelo.