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Sector de autopartes pierde 90,000 empleos tras ajustes en plantas de vehículos por aranceles de Trump

La industria de autopartes genera 41.5% del empleo automotriz en México, pero ha perdido 90,000 puestos en dos años ante ajustes productivos y presiones arancelarias.
Un trabajador participa en la colocación de tornillos para la fabricación de un motor en una planta de autopartes en México.
El deterioro en el mercado laboral de los proveedores ocurre pese a que la producción de autopartes mantiene tasas positivas. (gerenme/Getty Images )

El sector automotriz mexicano atraviesa un ajuste en sus volúmenes de producción, marcado por la reducción de fabricación de algunos modelos, cambios en las líneas productivas y una presión creciente sobre los costos, en un contexto determinado por la política arancelaria de la segunda administración de Donald Trump en Estados Unidos.

El impacto ya comienza a reflejarse en el empleo. La fabricación de autopartes, que concentra la mayor proporción de los puestos de trabajo de la industria automotriz en México, ha perdido alrededor de 90,000 empleos en los últimos dos años, de acuerdo con datos de la Industria Nacional de Autopartes (INA), con base en información del Inegi.

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La reducción de puestos de trabajo se produce mientras las armadoras modifican sus volúmenes de producción y buscan eficiencias ante un escenario de mayor incertidumbre comercial y costos crecientes.

Uno de los casos recientes es el de Volkswagen, que redujo los volúmenes de producción de los modelos Jetta y Tiguan en su planta de Puebla.

Para Gabriel Padilla, director general de la INA, estos movimientos generan preocupación por su efecto sobre el empleo, particularmente en entidades donde la industria automotriz tiene una elevada concentración, aunque el organismo todavía mantiene una perspectiva favorable para el cierre del año.

“El dinamismo que trae el sector automotriz, y en particular el de autopartes, ha permitido a nivel nacional absorber esas presiones (las bajas en la producción). Sin embargo, cuando se afecta a alguna entidad en particular, como es el caso de Puebla, obviamente genera mucha preocupación sobre cómo absorber esa disponibilidad de fuerza laboral y cómo puede absorberla no nada más Puebla, sino todo el eje Centro-Bajío del país”, comenta Padilla en entrevista con Expansión.

También Toyota , General Motors y Hyundai han anunciado ajustes en sus volúmenes de producción.

Estos cambios impactan directamente a la producción de autopartes, que es el motor del empleo automotriz. De acuerdo con el documento más reciente de Diálogos de la Industria Automotriz, la fabricación de componentes representa alrededor de 41.5% del empleo total del sector automotriz en México.

Menores volúmenes presionan el empleo

El deterioro en el mercado laboral de los proveedores ocurre pese a que la producción de autopartes mantiene tasas positivas. Entre enero y mayo de este año, la fabricación nacional de componentes alcanzó 58,878 millones de dólares, un incremento de 10% frente al mismo periodo de 2025, según los últimos datos de la INA.

Este desempeño ha permitido amortiguar parte del impacto generado por los menores volúmenes de fabricación en determinadas plantas. Sin embargo, el crecimiento de la producción no se ha traducido necesariamente en una recuperación proporcional del empleo.

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La razón está en el proceso de optimización que atraviesan las empresas. Los cambios en las plataformas de producción, la incorporación de nuevas tecnologías y la presión sobre los márgenes han llevado a los fabricantes a buscar una mayor productividad con las capacidades instaladas.

“La industria ha venido utilizando las capacidades instaladas que estaban disponibles y haciéndose más eficiente. Esto ha propiciado, en las contrataciones y en la configuración de las plantillas laborales, un ajuste en el cual, si le sumamos otros factores, como las presiones regulatorias y los costos asociados a los incrementos salariales acumulados, etcétera, sí hemos tenido presión”, añade Padilla.

De esta manera, el ajuste laboral no responde exclusivamente a la política arancelaria estadounidense. A las modificaciones en los volúmenes de producción se suman mayores costos laborales, presiones regulatorias y la necesidad de elevar la eficiencia, factores que han reducido los márgenes de las compañías.

El efecto puede ser particularmente relevante en regiones con una fuerte concentración automotriz, como Puebla y el corredor centro-Bajío, donde una reducción en la producción de una armadora tiene efectos sobre proveedores de distintos niveles.

México gana terreno como proveedor de Estados Unidos

A pesar de la pérdida de empleos, la industria mexicana de autopartes enfrenta el actual escenario comercial con una creciente integración con la producción automotriz estadounidense. Del total de importaciones de componentes que realiza Estados Unidos, 44.7% corresponde a autopartes fabricadas en México, el nivel más alto registrado en los datos históricos de la INA.

Además, la proporción de componentes producidos en México que cumplen con las reglas de origen del T-MEC aumentó desde el inicio de la actual ola arancelaria.

Antes del regreso de Trump a la Casa Blanca, alrededor de 50% de las autopartes fabricadas en México cumplían con los requisitos del acuerdo comercial para quedar exentas de aranceles. Actualmente, esa proporción alcanza 80%, de acuerdo con la INA.

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Este cambio representa una oportunidad para los fabricantes mexicanos, pues las armadoras estadounidenses tienen incentivos para incrementar la localización regional de componentes que puedan cumplir con las reglas de origen del tratado.

“Las armadoras, en sus proyectos de inversión, están buscando una mayor localización de proveedores nacionales, y eso es una gran oportunidad para que nuestra cadena automotriz de suministro no esté enfocada nada más en Tier 1 y Tier 2, sino que amplíe la base”, explica Padilla.

Así, los mismos aranceles que han obligado a las empresas automotrices a replantear sus cadenas de suministro pueden convertirse en un incentivo para aumentar la participación de proveedores mexicanos.

La industria evita hablar de desmantelamiento

El reto para México será convertir esa oportunidad de mayor proveeduría local en nuevos volúmenes de producción y empleo, en un momento en el que las compañías todavía enfrentan incertidumbre sobre las reglas comerciales de Norteamérica.

La revisión del T-MEC añade otro elemento al escenario. Para la INA, mantener las reglas de origen para los vehículos y las condiciones de acceso preferencial resulta fundamental para preservar el flujo de componentes mexicanos hacia Estados Unidos.

“Esos niveles récord que hemos tenido en meses en la participación de las autopartes en la fabricación de autos en Estados Unidos obedecen a este clima que nosotros buscamos que se preserve en el T-MEC: que se conserve esta condición de acceso preferencial del 0% de arancel para aquellas autopartes que están cumpliendo las reglas del T-MEC. Queremos que así siga esta condición”, resalta.

El organismo reconoce que 90,000 puestos de trabajo se han perdido en dos años, pero considera que el dato todavía no representa un escenario de desmantelamiento de la capacidad industrial mexicana, debido a que hasta ahora no se han anunciado cierres de plantas de autopartes.

“Estamos viendo tiempos muy convulsos de muchos cambios, pero esto no significa el desmantelamiento de las capacidades de manufactura industrial”, puntualiza Padilla.

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