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Mexicana volará con menos recursos mientras busca alcanzar la rentabilidad en 2027

El gobierno propone asignar 1,012 millones de pesos a Mexicana en 2027, 43.2% menos en términos reales, mientras la aerolínea aún enfrenta pérdidas y busca consolidar su operación.
Elementos de la Marina y miembros de la tripulación de Mexicana de Aviación descienden de una aeronave.
Aunque Mexicana ha incrementado sus vuelos y el número de pasajeros transportados, sus resultados financieros muestran que continúa dependiendo del respaldo del Estado para mantener su operación. (Mexicana Vuela/Facebook )

Mexicana de Aviación enfrentará un recorte presupuestario en 2027 justo cuando la aerolínea estatal busca consolidar su operación y avanzar hacia un modelo que le permita sostener su crecimiento. El proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación contempla asignarle 1,012 millones 356,099 pesos, una reducción de 43.2% en términos reales frente a los 1,727 millones 89,150 pesos aprobados para 2026.

El ajuste representa una disminución de 714.7 millones de pesos respecto a los recursos aprobados este año y llega en un momento en que la compañía todavía no alcanza una posición financiera sólida. Aunque Mexicana ha incrementado sus vuelos y el número de pasajeros transportados, sus resultados financieros muestran que continúa dependiendo del respaldo del Estado para mantener su operación.

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La reducción presupuestaria puede ser un comportamiento habitual en proyectos de reciente creación, ya que durante sus primeras etapas requieren mayores recursos públicos para poner en marcha su infraestructura, operación y estructura administrativa. Conforme estos proyectos maduran, consolidan sus actividades y avanzan hacia una mayor autonomía financiera, las asignaciones pueden disminuir de manera gradual.

Este es, en parte, el caso de Mexicana de Aviación, que después de su relanzamiento ha transitado hacia una etapa de consolidación operativa. Sin embargo, en la aerolínea estatal el ajuste resulta más complejo, debido a que la empresa todavía no alcanza la rentabilidad y, por tanto, aún depende del respaldo presupuestario para sostener su operación.

El regreso de Mexicana de Aviación

La aerolínea regresó a los cielos el 26 de diciembre de 2023, bajo la operación de la Secretaría de la Defensa Nacional ( Sedena), después de que el gobierno del expresidente Andrés Manuel López Obrador comprara la marca y relanzara la compañía como una empresa estatal.

Desde entonces, Mexicana ha atravesado distintos problemas operativos, entre ellos una flota limitada, cambios en los contratos de arrendamiento y la cancelación de rutas. La llegada de nuevos aviones Embraer permitió mejorar parte de esas condiciones y ampliar nuevamente su oferta desde el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles ( AIFA), que funciona como su principal base de operaciones.

Sin embargo, el crecimiento de la operación todavía no se ha traducido en rentabilidad. De acuerdo con los últimos datos públicos disponibles, correspondientes al periodo del 1 de enero al 30 de septiembre del año pasado, Mexicana reportó activos totales por 392.7 millones de pesos, frente a pasivos por 2,108 millones de pesos.

El recorte presupuestario propuesto para 2027 ocurre, por tanto, mientras la empresa continúa en una etapa de consolidación. La menor disponibilidad de recursos podría reducir el margen con el que cuenta la aerolínea para absorber costos, abrir nuevas rutas o fortalecer su estructura operativa mientras busca alcanzar un punto de equilibrio.

Más vuelos, pero todavía sin solidez financiera

Las cifras operativas muestran una evolución favorable. De acuerdo con los últimos datos de la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC), entre enero y abril de este año Mexicana realizó 2,584 vuelos, el doble de los registrados durante el mismo periodo de 2025.

El crecimiento en pasajeros, sin embargo, fue menor. Durante el primer cuatrimestre del año, la aerolínea transportó 156,806 viajeros, 30% más que los 120,612 pasajeros movilizados en el mismo periodo del año anterior.

La diferencia entre el crecimiento de vuelos y el de pasajeros refleja uno de los retos que enfrenta la empresa estatal. Incrementar frecuencias y rutas requiere recursos, pero para que esa expansión contribuya a la sostenibilidad financiera también es necesario elevar la ocupación de las aeronaves y encontrar mercados donde exista suficiente demanda.

Mexicana inició operaciones con una flota distinta a la que utiliza actualmente. El primer vuelo de la nueva etapa fue realizado con un Boeing 737 operado originalmente por las Fuerzas Armadas, acondicionado y rematriculado para la aerolínea.

La intención inicial era arrendar 10 Boeing 737-800 de última generación. En agosto de 2023 se anunció que tres llegarían en septiembre y siete más en octubre de ese año, pero el calendario no se concretó.

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Posteriormente, la compañía utilizó aeronaves de la Sedena y dos aviones arrendados a la aerolínea TAR. En enero del año pasado, ambas empresas terminaron su contrato, lo que llevó a Mexicana a cancelar ocho rutas ante la falta de aeronaves disponibles.

Los destinos afectados fueron Acapulco, Campeche, Guadalajara, Ixtapa, Nuevo Laredo, Puerto Vallarta, Uruapan y Villahermosa. La situación comenzó a modificarse con la llegada de los aviones Embraer.

En junio de 2024, el gobierno anunció una inversión de 750 millones de dólares para adquirir 20 aeronaves Embraer. El primero de estos equipos llegó al país el 1 de julio de 2025, cuando la presidenta Claudia Sheinbaum y Leobardo Ávila Bojórquez, director general de Mexicana, recibieron en el AIFA un E195-E2.

De acuerdo con la AFAC, durante 2025 llegaron otros cuatro aviones del mismo modelo, por lo que Mexicana cerró ese año con cinco aeronaves E195-E2. Con esta flota, la aerolínea opera actualmente 15 destinos nacionales y busca ampliar nuevamente su red.

Para José Serur, arquitecto y especialista en aviación, la evolución de la flota permite corregir uno de los problemas que caracterizaron los primeros meses de Mexicana, cuando la operación con distintos tipos de aeronaves elevaba los costos y complicaba la planeación.

“Ahora están logrando poco a poco esa unificación. El contrato con Embraer incluye refacciones y supervisión de los aviones, entonces sí, en un principio fue caótico todo y muy costoso, porque operar un Boeing 737 es bastante caro. Operar un Embraer es la mitad o un tercio del costo de los de la familia de la estadounidense”, comenta.

El E195-E2 tiene una longitud de 41.6 metros, una altura de 10.9 metros y capacidad para hasta 132 pasajeros. Su alcance máximo es de 4,615 kilómetros, por lo que su utilización resulta más adecuada para rutas nacionales y regionales que para una expansión internacional de largo alcance.

Para Eliseo Llamazares, socio líder de Aviación y Turismo de KPMG para Latinoamérica, contar con este tipo de aeronaves es una decisión adecuada si Mexicana pretende fortalecer su presencia en rutas domésticas y regionales.

“Si aerolíneas de primer nivel, que tienen equipos y flota con mucha experiencia y trayectoria, y que evalúan hasta el más mínimo detalle en cuanto a incorporación de aviones, están decidiéndose por ese tipo de aeronaves, considero que es una razón justa para decir que son muy buenos”, comenta.

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La rentabilidad no es el único objetivo

El recorte presupuestario adquiere mayor relevancia ante la naturaleza del proyecto. Mexicana fue relanzada con la promesa de ofrecer tarifas hasta 30% inferiores a las de las aerolíneas tradicionales, pero la estrategia de la compañía ha comenzado a orientarse también hacia un objetivo de conectividad.

Para los especialistas, la mayor justificación de una aerolínea estatal no necesariamente está en competir directamente con empresas privadas en las rutas de mayor demanda, sino en atender mercados que no resultan suficientemente atractivos para los operadores comerciales.

El caso de la aerolínea estatal colombiana SATENA muestra una ruta posible. Propiedad del gobierno y bajo control de la Fuerza Aérea Colombiana, la empresa fue creada en 1962 con el propósito de conectar regiones que las compañías comerciales no tenían interés en atender.

Su desempeño, por tanto, no se mide únicamente a partir de sus resultados financieros, sino también por el impacto que genera al mantener conectadas regiones con poca oferta aérea.

“Una compañía aérea pública no solamente hay que evaluarla en el contexto de la rentabilidad financiera, sino también dentro de la rentabilidad social. Muchas veces, ese déficit económico se ve compensado con los beneficios sociales que se generan, pero, evidentemente, hay que hacer la cuenta de ambas cosas. En el caso de que los beneficios sociales sean inferiores a las pérdidas económicas, esa aerolínea estaría sustrayendo”, comenta Llamazares.

Mexicana llega así a una nueva etapa con una flota más definida, un mayor número de vuelos y una red de destinos que vuelve a crecer. Pero la aerolínea todavía debe demostrar que puede transformar el incremento de vuelos y pasajeros en una operación financieramente sostenible.

El recorte de 43.2% real en su presupuesto obligará a que la estrategia de crecimiento sea más selectiva y a que cada nueva ruta tenga una mayor justificación comercial o social.

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