La razón está en la propia operación de las refinerías. Gasolina, diésel, combustible para aviones y otros derivados salen del mismo proceso. Si el mercado estadounidense queda saturado de diésel y las plantas pierden compradores en el exterior, una de las respuestas empresariales sería reducir la operación.
Estados Unidos podría conseguir inicialmente una mayor disponibilidad de diésel, pero a costa de reducir la producción de otros combustibles y presionar sus precios.
México queda expuesto al diésel de EU
Para México, la discusión estadounidense no se limita al precio internacional. También implica un riesgo para el suministro, porque una parte importante del diésel que consume el país proviene de Estados Unidos.
Entre enero y junio, México consumió en promedio 442,000 barriles diarios de diésel, de acuerdo con un análisis de Francisco Barnés de Castro, integrante del Observatorio Ciudadano de la Energía.
De ese volumen, 273,000 barriles diarios fueron producidos en México, mientras que Pemex importó 74,000 y las empresas privadas otros 95,000 barriles.
Las importaciones representaron 38% del consumo nacional durante el primer semestre. De ese combustible importado, 98% tuvo como origen Estados Unidos.
La dependencia también aparece desde el lado estadounidense. México fue el principal destino del diésel estadounidense y recibió 96% de sus importaciones de este combustible desde refinerías estadounidenses en el año terminado en junio, según datos de comercio exterior recopilados por Trade Data Monitor y analizados por The Washington Post.
Una restricción estadounidense tendría entonces dos vías de impacto para México. La primera sería física, porque reduciría la disponibilidad de los barriles que actualmente llegan al país. La segunda sería de precios, porque México tendría que competir por suministros alternativos en un mercado internacional que ya enfrenta una menor disponibilidad.
La política contra la lógica de refinación
El choque entre la política energética de Trump y la operación del mercado de refinación explica por qué la propuesta genera posiciones encontradas dentro de Estados Unidos.
El sector petrolero sostiene que reducir las exportaciones no necesariamente bajará el precio del diésel y que, al obligar a las refinerías a recortar producción, la medida podría terminar aumentando el precio de la gasolina.
El sector agrícola, en cambio, considera que una mayor cantidad de diésel dentro del mercado estadounidense permitiría reducir el precio para productores, transportistas y consumidores.
“Los petroleros no van a estar preparados para hacer eso y van a responder a un mercado que corresponda al precio para cubrir el costo marginal. Ahí viene el debate. Yo no sé quién va a ganar. El presidente Trump ha dicho que está inclinado en la dirección de restringir las exportaciones, pero hasta este punto no he visto una decisión final que se haya tomado”, aseveró Pascual.