El deterioro contable se trata de un ajuste que reduce el valor contable de los activos vinculados con el negocio que la empresa acordó vender. Esto significa que AT&T reconoce que el valor registrado de su operación mexicana debió ajustarse ante la transacción. Sin embargo, el directivo no ofreció mayores detalles de cómo calculó el cargo.
Expansión ya había anticipado que la operación cerró a un precio inferior, casi similar a la transacción de Telefónica México, que se colocó 60% por debajo de los estándares internacionales.
La situación refleja las dificultades para rentabilizar sus activos en México en donde hay cambios regulatorios y la decisión de concentrar sus inversiones en Estados Unidos, donde busca fortalecer sus redes de fibra óptica y ampliar su capacidad competitiva. Sin embargo, una de las claves estaría en el desempeño financiero de su filial mexicana.
Ramiro Tovar, profesor del ITAM y especialista en competencia económica y telecomunicaciones, explicó que, en una operación de compraventa, el mercado no paga por los activos fijos ni por la cartera de clientes en sí mismos, sino por el flujo de efectivo que genera una empresa. En ese sentido, AT&T México genera un EBITDA relativamente bajo para el tamaño de su operación.
A septiembre de este año, AT&T México facturó 3,637 millones de dólares y obtuvo un EBITDA de 683 millones, pero su utilidad operativa fue de apenas 103 millones, equivalente a una caída de 7.2%, según sus estados financieros.
“Esto explica que AT&T absorbió pérdidas operativas, mientras que para el comprador la transacción significó una ganga”, refirió Tovar.
Sin embargo, AT&T México afirmó en su reporte financiero que mantendrá una operación basada en la disciplina y con el foco puesto en las ventas, la atención a sus clientes, mientras se cumplen las condiciones de cierre y aprobaciones regulatorias del acuerdo de venta anunciado por la matriz.