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Las caras de la inflación en México; cómo afecta a diferentes clases sociales

Expansión acompañó a tres familias con distinto rango de ingresos a realizar sus compras para averiguar de qué manera impacta la inflación en cada caso y cómo hacen frente a este escenario.
mar 26 julio 2022 02:28 PM
como afecta la inflacion en mexico
Las mercancías alimenticias hilan 13 meses de aumentos y los bolsillos de los más pobres lo resienten más que el resto de la población.

La inflación es una realidad que golpea a toda la población; sin embargo, su impacto y afectación puede ser mayor o menor dependiendo del estatus social o económico de cada familia o persona.

El alza de precios en México tocó su nivel más alto desde enero de 2001 y superó las expectativas del mercado al registrar un crecimiento de 8.16% a tasa anual en la primera quincena de julio, informó este viernes el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Además, se espera que la inflación toque un máximo en el mes patrio.

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En el caso de los alimentos, van 13 meses de incrementos consecutivos en estas mercancías y los bolsillos de quienes tienen menos recursos lo resienten más respecto a aquellos con mejores percepciones.

El 10% de los hogares más pobres en México tiene ingresos de cerca de 3,300 pesos mensuales y destinan más de 50% de éstos en la compra de comida. En contraste, el 20% de los hogares con mayores percepciones económicas en el país destina apenas 28.5% de su dinero para comprar alimentos, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2020, del Inegi.

Para documentar las diferencias del impacto de la inflación según el poder adquisitivo y cómo lo enfrentan los mexicanos, Expansión acompañó a tres familias, con un contraste significativo de ingresos entre sí, a realizar sus compras.

En el primer caso, la percepción económica mensual se encuentra por debajo del umbral del salario mínimo y es de la que dependen más personas: cuatro.

El caso intermedio, el ingreso ronda los 35,000 pesos al mes, con el que se sustentan tres personas. Finalmente, la familia con más ingresos percibe hasta 60,000 pesos mensuales, del que dependen principalmente dos personas que se encuentran rumbo a su jubilación.

 

Enfrentar a la inflación con lo justo

Es martes y la ama de casa Miriam Suastégüi Pérez se alista para ir a realizar sus compras al tianguis de La Campestre, ubicado en la colonia del mismo nombre en el municipio de Nezahualcóyotl, Estado de México.

Mientras abordamos el camión de pasajeros que circula tanto por el municipio de Nezahualcóyotl en el Estado de México, como algunas colonias de la Ciudad de México, la mujer comparte que su despensa para la elaboración de su comida la realiza de tres a cuatro veces a la semana, y para ello destina entre 300 a 600 pesos. “La verdura es lo principal que yo compro a lo largo de la semana, ya que adquiero el tomate, jitomate, cebolla, papas, más que nada”.

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La ama de casa Miriam Suastégüi durante sus compras semanales en un tianguis.

“Y si salgo al tianguis, busco las ofertas que también van variando y dependen del lugar, la calidad de la verdura o de la fruta”, expresa la mujer de 39 años y madre de dos menores de edad.

La ama de casa comparte que la inflación la ha orillado a decidir entre un producto u otro, “por ejemplo, si tenía 200 pesos al día, podía guisar una comida completa que consiste en sopa, guisado, arroz y frijol, pero ya con el aumento de precios, o compro el frijol o el arroz, uno de los dos”.

“El frijol está caro, y eso que adquiero a granel de tipo americano. Otro ejemplo es el aceite, y eso que yo consumo el económico, pero éste ya cuesta 38.50 pesos”, expresa.

“¡Ya bajó el limón güerita!”, “¡Pásele, acá están los barateros!”, son algunos de los gritos de los comerciantes quienes buscan atraer clientes.

En medio de la algarabía, Miriam comenta: “Tienes que ir viendo la calidad de la verdura y la fruta, alguna es de muy buena calidad, pero no están exhibidos los precios, y hay ofertas como esta de tuna de dos kilos por 16 pesos, pero ya está muy madura, a punto de echarse a perder”.

 
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La ama de casa en esta ocasión no compró carne para sus alimentos para esta semana.

En esta ocasión no adquiere carne, prefiere comprarla en carnicerías de su colonia, además su familia solo la consume una vez a la semana; antes de la pandemia esto sucedía hasta en dos ocasiones.

El sustento de su familia es su esposo, quien maneja un bicitaxi en una colonia popular del municipio de Nezahualcóyotl, y cuyo ingreso mensual es de aproximadamente 2,000 pesos.

La familia Mérida Suastégüino recibe ningún tipo de apoyo gubernamental y sus ingresos se generan a diario y depende del trabajo del jefe de familia.

Un economista y una antropóloga hacen el súper con su bebé

Cómo afecta la inflación a la clase media
Ernesto y Karina todavía se pueden dar el 'lujo' de elegir el detergente más caro, pero, a su gusto, de mejor calidad. Y dejan de lado la promoción de 3x2 del 'Julio Regalado' para detergentes líquidos.

“Es curioso. En la Facultad estudiamos la inflación, su historia, la sabemos medir. Pero nunca la habíamos vivido realmente. Hasta ahora. No es lo mismo que te digan que en 25 años ha caído tanto el poder adquisitivo a que te digan que en un año se devaluó 10% o más tu salario”, cuenta Ernesto, economista egresado de la UNAM, mientras pasea entre los pasillos del supermercado, buscando el 3 por 2 del ‘Julio Regalado’, la temporada de ofertas de La Comer.

Mientras Ernesto empuja el carrito con rumbo al área de carnes, su esposa Karina guía la carriola en la que duerme la hija de ambos. Y, cuando está dispuesta a tomar unas fresas congeladas, Ernesto la interrumpe. “Esas no. Están caras. Mejor las buscamos en el Costco”. Karina asiente y cuando se les pregunta por qué no compran fresas en el tianguis o en el mercado, en lugar de fresas congeladas cuyo precio en La Comer es de 250 pesos, ellos responden: “es otra la calidad”.

Karina, antropóloga y candidata a doctora en la Universidad Nacional Autónoma de México, recibe una beca estudiantil y un sueldo como profesora de asignatura en la Escuela de Trabajo Social de la UNAM.

 

Ernesto trabaja en un proyecto de consultoría para una Organización No Gubernamental que se dedica a reconstruir escuelas y fortalecer los lazos comunitarios en zonas que fueron afectadas por el sismo de 2017 y que no han sido debidamente atendidas por ningún gobierno.

En el departamento de carnes, ambos discuten sobre qué tipo de corte comprar. Si es mejor adquirir pollo aquí o en los negocios que están cerca de su casa, en la colonia Moderna de la Ciudad de México. “Ya nos dimos cuenta de que el pollo del súper se hace más chico cuando se cocina, y el de la pollería está más grande”, dice Ernesto sugiriendo llevar mejor res y cerdo.

La inflación no evita que sigan consumiendo este tipo de proteínas animales, pero eso sí, el cerdo es más barato, dice la pareja. El carrito camina llenándose con verduras, frutas y una caja con varios litros de leche.

Ernesto cuenta con un registro donde anota los productos, sus precios y la tienda y la fecha donde los compró
Ernesto lleva la administración del dinero que se destina para la despensa, mientras Karina paga otro tipo de cuentas como la renta y algunas deudas. “Antes tenía esta lista”, dice, mientras muestra en su celular una hoja de Excel bastante ordenada y donde asentaba las cantidades y precios de los productos que compraba cada vez que iba al súper, con fecha y lugar de la compra incluidos. Dejó de hacerlo pero ahora ya sabe dónde comprar más barato.

La inflación les quita tiempo

A ellos no les gusta visitar frecuentemente el supermercado, preferirían hacer la despensa cada mes. Si se pudiera. En esto sí que les ha pegado la inflación. Antes iban al Costco y compraban una despensa que les costaba por lo menos 5,000 pesos, pero que les evitaba volver durante un mes. Pues compraban paquetes de rollo, galones de aceite, enlatados y carne suficiente para un mes que metían en el congelador.

Ahora ya no es posible, “sale caro”. Y tienen que hacer despensas más pequeñas, que duran una semana o 10 días.

Y aunque la inflación aprieta, no hace mucho compraron un “robot de cocina”. “Ahí le metes todo lo que te pide y ya te lo saca cocinado”. Se trata de un electrodoméstico que no solamente exprime, corta, fríe o mezcla comida, también sirve para hornear pasteles o hacer un pan casero. “Desde que lo compramos, como que nos olvidamos del tema de pensar qué comer o qué cocinar”, cuenta Ernesto sobre su robot, orgulloso.

Menos frutos rojos y menos botellas de vino

Aunque siguen consumiendo carne y todos los grupos alimenticios, sí dejaron de comprar tantos frutos rojos como antes. También adquieren cada vez menos botellas para brindar y casi ya no toman cerveza.

De pronto, Ernesto encuentra unas botellas de vino económicas, al 3 por 2. “Me llevo este (...) lo conocí cuando fui a Chile, es barato, pero sabe bien. Y como vi que todo mundo lo tomaba allá, pues yo también me acostumbré”, dice mientras acomoda las botellas en su carrito, su único lujo.

Aparte de comer más cerdo y menos res, Ernesto y Karina tienen un par de trucos para ahorrar sin sacrificar tanto su satisfacción en el consumo de mercancías.

Además, eligen el cereal con menos azúcar, porque siempre sale más barato y ya no compran golosinas como cacahuates o chocolates. "Es gasto hormiga" y prefieren ahorrar para salir después a cenar a un restaurante.

"Este es el chido"

Hay promoción de 3 por 2 en ciertas marcas, pero no para la marca preferida por ambos. Karina decide no aprovechar la oferta. Hay ciertos productos a los que están acostumbrados, otra vez, por la calidad, sabor o, en este caso, la efectividad en la limpieza de la ropa y el aroma.

Tampoco cambian por nada la calidad en el papel higiénico, que también está en promoción. Eligen el mejor, el más grueso y echan al carrito tres paquetes de 18 rollos cada uno. “¡Este es del chido, una y ya estás!”, exclama Ernesto, satisfecho con su compra.

Menos preocupaciones rumbo al retiro

Algunos logran sobrepasar las crisis con menos raspones, tal es el caso de la familia Gómez, cuyo ingreso mensual de entre 50,000 y 60,000 pesos los coloca como privilegiados en México, aunque 95% esté aportado por una persona.

Tanto Daniel Gómez como María Espino son profesionistas, él se desarrolla en el ramo de la arquitectura, mientras que ella es licenciada en Contaduría Pública, aunque ya no ejerce pero sigue trabajando por su cuenta como vendedora.

Aunque la mayor parte del ingreso la el padre de familia, quien ya está dentro del grupo de edad de adultos mayores, la encargada de las compras del día a día es su esposa, esto debido a la disponibilidad de tiempo que tiene entre semana.

La pareja explica que adquieren la mayoría de insumos no perecederos en Walmart y Costco, aunque ocasionalmente visitan Chedaui y Sam’s, por ende, tienen pagadas las dos membresías de las bodegas más grandes. Para los perecederos, prefieren acudir a su mercado local y rara vez visitan a un tianguis, actividad que han dejado de realizar con el paso del tiempo.

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“Es cierto que hubo una temporada que iba al tianguis, porque ahí se consiguen mejores precios y a veces cosas más frescas, pero la verdad es que ya me resulta muy cansado y mejor me voy por lo práctico”, señala.

Según comparte, las visitas al supermercado son de dos a tres veces al mes, con un gasto promedio de 2,500 pesos mensuales, en este caso, aprovechan la prestación de vales de despensa que tiene Gómez, que cubren una parte de la cuenta. Mientras que las compras de mercado se hacen cada tercer día.

Los acompañamos a Costco y a Walmart a hacer sus compras. En ambas tiendas se surtieron de buena variedad de productos pues, además de insumos propios de la canasta básica, en el Costco agregaron al carrito un pastel, carnes frías como jamón serrano y chorizo. En Walmart, desechables, botellas de vino y botanas, ya que aprovecharon su visita para hacerse de algunos productos para la celebración de un cumpleaños.

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Mientras recorren los pasillos comentan que sí han notado un aumento generalizado en el valor de los productos que adquieren, pero no por ello dejan de comprar las cosas de las marcas que les gustan u optan por otras más económicas.

En su recorrido se detienen a ver productos que no estaban contemplados en sus planes originales y seleccionan algunos que echan al carrito. “Se me antojan también unas cervezas y hay que llevar unas palomitas para ver películas, ¿no?”, dice Daniel Gómez y María Espino asiente.

“Parte de que podamos invertir en algunas cosas, me refiero a esta ‘libertad económica’ que tenemos hasta cierto punto, la verdad, tiene que ver con que los hijos (sus tres hijos) ya se sustentan solos. Tienen su trabajo y ellos pagan sus cosas, aunque aún les compramos un detallito o salimos a comer, ya es algo que pasa de vez en cuando. No es como cuando había que pagar escuelas, útiles escolares, ropa, uniformes, comida y transportes. Ya son independientes y nosotros nos preparamos para jubilarnos”, señala la señora María Espino.

Además de las compras relacionadas a la alimentación, hay otros servicios que siguen pagando de manera regular, como una empleada doméstica una vez a la semana, además se encuentran pagando el crédito de la que planean sea su casa de retiro.

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De manera general, la pareja señala que la inflación no ha hecho que modifiquen sus hábitos de consumo; sin embargo, sí apuntaron que en ocasiones pasadas en que la economía del país no fue favorable, sí hicieron ajustes para mantener su nivel de vida y ahorrar pese al paso del tiempo y las crisis, cómo conseguir otros empleos o trabajar tiempo extra, algo que consideran influyó de manera importante para que hoy puedan sobrepasar este momento sin tropiezos.

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