Si el peso se deprecia, las importaciones (los productos que el país compra de fuera) se hacen más caras porque se adquieren en dólares, algo que puede hacer que la inflación aumente. Pero no todo son malas noticias, a las empresas que exportan un peso depreciado les conviene, porque sus productos se vuelven más baratos para los extranjeros haciendo que aumenten su volumen de ventas.
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Pero Banxico aún tiene espacio para reducir el costo del crédito sin que el peso pierda su ventaja frente a otras monedas. “Banxico recortó la tasa el mes pasado, pero la Reserva Federal (el banco central de Estados Unidos) lo hizo antes, entonces el diferencial entre ambas tasas se mantuvo constante y eso hace que se neutralice este efecto sobre el tipo de cambio”, comenta Saldaña.
La tasa de referencia de México aún es una de las más altas del mundo, lo que hace atractivo a los activos financieros del país, que se adquieren en pesos, por lo que la moneda sigue siendo demandada.