Para una petrolera como Pemex que es una de las mayores emisoras de deuda en países emergentes, las diferencias con sus pares comienzan a ser notorias. Empujadas por sus accionistas y por las políticas públicas de los países donde operan, empresas como Eni, Shell, Exxon o Chevron iniciaron una transición para recortar sus emisiones de carbono. En contraste, Pemex se hizo del total de la refinería Deer Park, en Texas, construye otra refinería en Tabasco, y la producción de combustóleo -uno de los combustibles más sucios- ha ido en aumento, de acuerdo con los reportes de la petrolera.
La empresa no lo tiene fácil. El gobierno mexicano intenta sacar a la endeudada petrolera de los números rojos apostando a la refinación para aumentar la producción de combustibles y también para cubrir la demanda del país. Sin embargo, el tiempo no está de su lado. La calificadora Moody’s estima que la demanda de combustibles a nivel mundial caerá 20% en 2035. Esta baja en la demanda va de la mano de las metas que establecieron países desarrollados como Estados Unidos, China y de la Unión Europea para eliminar el uso de combustibles fósiles en un lapso de 30 años.
“No es cuestión de ver si Pemex y sus competidores se suben a este barco de sostenibilidad. Lo tienen que hacer porque es ahí donde está el financiamiento disponible a tasas menores”, comenta Esteban Polidura, director de asesoría para las Américas del banco suizo Juliuis Baer. “El tema de sostenibilidad para un inversionista se ha transformado de algo bueno para tener en las carteras a algo que no puede ignorar, ya que puede traer consigo riesgos para el inversionista de desempeño y de volatilidad”.
Lo cierto es que hasta ahora, Pemex, cuyos bonos se ubican en nivel especulativo, ha logrado seducir al mercado internacional con un premio atractivo en sus bonos y divisas a su elección. Incluso cuando la petrolera se convirtió en tendencia mundial por accidentalmente incendiar el Golfo de México y provocar una ola de críticas de líderes políticos y ambientalistas, los tenedores de bonos cosecharon ganancias en los instrumentos de largo plazo, de acuerdo con datos de Bloomberg.
Pero el accidente, conocido como el anillo de fuego, no pasó del todo desapercibido entre los grandes prestamistas de Pemex. Al interior de la agencia estadounidense Export Import Bank de Estados Unidos, que otorgó dos préstamos a la petrolera mexicana por 400 millones de dólares en mayo pasado, se encendió la alerta amarilla. “El reciente incidente en el Golfo de México en verdad fue preocupante, y estaremos revisando con gran detalle la causa de raíz de la compañía cuando esté disponible”, señaló un portavoz del Export Import Bank de Estados Unidos, que ha seguido el desempeño de sostenibilidad de la misma empresa.
Según el último reporte de Pemex, la deuda financiera asciende a 115,100 millones de dólares al cierre de la primera mitad del año, de la cual la mayor parte proviene de inversionistas internacionales.
Para Polidura los bonos de Pemex siguen siendo atractivos para el mercado internacional debido a que existe la percepción de que la petrolera cuenta con el “respaldo absoluto” del gobierno mexicano. Y aunque la empresa tiene problemas más importantes que resolver por ahora, no puede quedarse de brazos cruzados, advierte Gonzali, “Pemex ahorita tiene que arreglar la casa, pero si no quiere que su financiamiento le salga más caro, se tiene que montar en la ola de la sostenibilidad”.