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Guerra eleva volatilidad en emergentes; tasas altas sostienen atractivo de México

El repunte del petróleo ante el riesgo de interrupciones en el Estrecho de Ormuz y los episodios de aversión al riesgo presionan a divisas y bolsas emergentes; en Latinoamérica se beneficia del alza en materias primas.
mar 10 marzo 2026 07:24 AM
Efectos de la guerra de iran en México y Mercados emergentes
El repunte del petróleo por la tensión en Medio Oriente ha reactivado los flujos hacia activos energéticos y ha puesto en primer plano la seguridad energética como factor clave para la integración industrial en Norteamérica, según análisis de Aztlan Equity. (AsianDream/Getty Images/iStockphoto)

Las tensiones geopolíticas en Medio Oriente han elevado la volatilidad en los mercados financieros globales y provocado episodios de aversión al riesgo entre inversionistas. Sin embargo, analistas consideran que el atractivo relativo de mercados emergentes como México o Brasil podría mantenerse, impulsado por el diferencial de tasas de interés y por el papel que algunos países de la región tienen como productores de materias primas.

De acuerdo con Ramsé Gutiérrez, Senior VP y codirector de inversiones en Franklin Templeton, los conflictos geopolíticos suelen provocar episodios de risk-off, en los que los inversionistas reducen su exposición a activos considerados más riesgosos y aumentan posiciones en dólares, bonos del Tesoro de Estados Unidos u oro.

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En ese contexto, es común observar pausas en los flujos hacia mercados emergentes o incluso salidas de capital temporales. No obstante, el actual conflicto ha tenido un impacto más concentrado en el mercado de commodities, particularmente en los energéticos, debido a la importancia estratégica del Estrecho de Ormuz para el comercio mundial de petróleo y gas.

“Las estimaciones de volatilidad muestran que el mayor estrés se concentra en el petróleo, mientras que los índices de volatilidad cambiaria y de mercados accionarios han registrado aumentos más moderados”, explicó Gutiérrez.

Petróleo al centro del riesgo

El repunte de los precios del petróleo ha reactivado los temores sobre inflación global y crecimiento económico. De acuerdo con diversos análisis de mercado, la escalada del conflicto ha llevado al crudo a acercarse a la barrera de los 120 dólares por barril, ante el riesgo de interrupciones en el Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del suministro mundial.

Este entorno también ha provocado una rotación hacia activos ligados al sector energético. Según la gestora Aztlan Equity, la volatilidad reciente ha impulsado flujos hacia ETFs del sector energía, que acumulan rendimientos superiores a 20% en lo que va del año.

“Actualmente observamos disrupciones severas derivadas del conflicto geopolítico y su impacto en Irán, lo que genera una prima de riesgo inmediata en el crudo”, señaló Alejandro H. Garza Salazar, director de inversiones de Aztlan Equity, quien advierte que en un escenario extremo el barril podría alcanzar niveles cercanos a 150 dólares.

Exportadores vs. importadores

El encarecimiento de los energéticos introduce además un elemento diferenciador entre economías emergentes. Mientras algunos países enfrentan presiones inflacionarias por su dependencia de importaciones energéticas, otros podrían beneficiarse de un entorno de precios elevados.

Brasil, por ejemplo, se ha consolidado como uno de los principales exportadores netos de petróleo entre los mercados emergentes, lo que mejora sus términos de intercambio cuando suben los precios del crudo. México, aunque continúa importando combustibles refinados, mantiene una posición relevante como productor y exportador de petróleo.

Además del petróleo, el alza en otros commodities —como metales industriales o productos agrícolas— puede favorecer a varias economías latinoamericanas cuya estructura exportadora depende de estas materias primas.

Tasas altas sostienen el atractivo

Más allá del impacto inmediato del conflicto, uno de los factores que sigue sosteniendo el atractivo de América Latina es el diferencial de tasas frente a economías desarrolladas.

“Mientras las tasas reales se mantengan relativamente elevadas y los fundamentos macroeconómicos no se deterioren, es poco probable que se materialicen salidas de capital significativas de forma sostenida”, señaló Emanuel Juárez, analista senior de HF Markets.

En el corto plazo, el especialista considera probable observar ajustes tácticos en los portafolios internacionales y episodios de cautela, pero no un retiro masivo de capitales.

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México: volatilidad con amortiguadores

En el caso de México, los analistas coinciden en que el conflicto podría generar episodios de volatilidad, particularmente en el tipo de cambio . El peso mexicano suele utilizarse como instrumento de cobertura global en momentos de aversión al riesgo, lo que amplifica sus movimientos frente al dólar. Durante los primeros días de tensión, la moneda pasó de niveles cercanos a 17.20 pesos por dólar a cotizar alrededor de 17.90.

No obstante, México cuenta con varios amortiguadores macroeconómicos que han permitido absorber choques externos en años recientes, entre ellos tasas de interés elevadas, un régimen cambiario flexible, reservas internacionales robustas y un sistema financiero relativamente sólido. De hecho, este lunes 9 de marzo el peso volvió a fortalecerse una vez que el presidente Donald Trump aseguró que el final de la guerra con Irán estaba cerca .

Bolsas emergentes ajustan posiciones

En México, el índice S&P/BMV IPC también ha reflejado parte de la volatilidad reciente. De acuerdo con análisis de Monex, el mercado accionario llegó a acumular un ajuste cercano a 6.6% desde su máximo de febrero, aunque ha mostrado señales de estabilización tras episodios de recuperación intradía.

La firma señala que, pese al ajuste reciente, los fundamentos del mercado no han cambiado de manera significativa y que la volatilidad actual podría representar una oportunidad para evaluar el posicionamiento de los inversionistas globales hacia mercados emergentes.

En este contexto, el escenario base para la región apunta más a mayor volatilidad que a una salida estructural de capitales, siempre que el conflicto se mantenga acotado y no provoque un choque energético prolongado que altere la inflación global o el ciclo de tasas de interés.

Por otro lado, de cara a la crisis del petróleo, está podría afectar mayormente a los mercados asiáticos, cuyos países dependen en mayor medida del crudo que atraviesa el Estrecho de Ormuz. Esto explica en parte que, desde el inicio del conflicto hasta este lunes 9 de marzo, el Nikkei (principal índice bursátil de Japón) se haya hundido 10.40%.

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