El crecimiento ocurre en un contexto de aceleración global del mercado de ETF. De acuerdo con datos de la industria, los activos mundiales en estos instrumentos superaron los 20 billones de dólares en 2026, mientras que Estados Unidos mantiene el liderazgo en administración de activos, encabezado por iShares de BlackRock. En México, el avance del sector ha sido particularmente relevante porque buena parte de las operaciones bursátiles ya pasan por estos vehículos de inversión, en especial aquellos ligados al S&P 500 y al Nasdaq.
Para los participantes del panel, uno de los motores detrás de esta expansión es el cambio demográfico. El crecimiento de la población bancarizada y el avance del ahorro formal abren espacio para que más personas migren hacia instrumentos de inversión diversificados. A ello se suma una transformación en la manera en que los inversionistas mexicanos buscan exposición internacional, particularmente en un entorno marcado por la volatilidad cambiaria, la inteligencia artificial y las tensiones geopolíticas que redefinen las cadenas globales de suministro.
“El inversionista mexicano todavía tiene un fuerte home bias (tendencia de los inversores a sobreponderar acciones de su propio país en sus carteras, ignorando la diversificación internacional). Los inversionistas en México mantienen 87% de sus portafolios en activos locales. Esta concentración se compara con otros mercados como Brasil y Estados Unidos, donde los inversionistas también privilegian sus economías domésticas, aunque con distintos niveles de exposición global”, explicó Gómez.
La discusión giró entonces hacia el costo de oportunidad de mantener portafolios excesivamente concentrados en activos nacionales. Según el directivo de BlackRock, la desaceleración de las tasas reales y el atractivo de los mercados internacionales empujarán gradualmente una mayor diversificación. La depreciación histórica del peso frente al dólar, sumada al rendimiento esperado de las bolsas estadounidenses, modifica el cálculo de rentabilidad de largo plazo para inversionistas institucionales y patrimoniales.
“Si agregas un retorno de 8% en acciones internacionales y una depreciación de 5% del peso frente al dólar, obtienes 13%. Cuando lo comparas contra 6% local, el inversionista empieza a cuestionar por qué mantiene toda su exposición en México”, dijo Gomez. El ejecutivo añadió que los inversionistas más sofisticados, como los family offices, ya trasladaron prácticamente todo su portafolio financiero hacia mercados internacionales para reducir la concentración de riesgo.
En paralelo, las plataformas de inversión directa y los modelos automatizados comienzan a transformar el acceso al mercado. Los panelistas señalaron que los ETF se consolidaron como el vehículo preferido para construir portafolios globales en América Latina debido a su liquidez, costos reducidos y eficiencia operativa. En México, este fenómeno también se acelera por la entrada de nuevos inversionistas jóvenes que utilizan aplicaciones digitales y asesores independientes para operar directamente en mercados internacionales.