En consecuencia, el evento se reordenó hacia un entorno más profesional, donde el componente B2B define la experiencia y donde los elementos culturales o de espectáculo ocurren en momentos específicos, sin interferir con las reuniones que sostienen el negocio.
Sin embargo, la tensión no desaparece, pues los destinos necesitan mostrarse y diferenciarse, mientras que los compradores requieren condiciones para avanzar en negociaciones sin interrupciones, por lo que el papel de Creaturismo se mueve en ese punto intermedio donde ambos intereses tienen que convivir.
Uno de los retos aparece cuando esa misma dinámica tiene que trasladarse a la narrativa, ya que en un mismo piso conviven varios estados, países, empresas privadas y marcas con intereses distintos que necesitan proyectarse sin romper la coherencia del evento.
“Se hace un master graphic, que es toda la imagen del evento y a partir de ahí se detona toda la comunicación, desde la publicidad hasta la página web y los espacios del evento, todo se rige por esa línea”, explica Hurtado.
El concepto creativo cambia cada año, ya sea por tendencias de diseño o por coyunturas específicas como aniversarios, y en esta edición el desarrollo se trabajó de forma interna junto con el estado sede, Guerrero, a partir de varias propuestas que terminaron por definir la identidad visual del evento.
Hurtado señala que el tianguis forma parte de una estrategia más amplia que incluye ferias en Europa, Asia y otros mercados, donde muchas de las conversaciones que inician allá encuentran continuidad o cierre en México.
“El recorrido del comprador no empieza aquí, se construye a lo largo de distintos puntos de contacto y el evento actúa como un momento de consolidación dentro de ese proceso”.
Este cruce lo convierte en un punto de llegada, pero también en un espacio donde se concreta negocio que impacta directamente en la industria turística, un sector que representa cerca del 8.7% del PIB del país y que depende de este tipo de encuentros para mantener flujo de visitantes e inversión.
La marca México aparece como el marco que integra a estados, empresas y oferta turística en un mismo lugar, como un activo que facilita la conversación frente a compradores internacionales y permite ordenar la propuesta país.
El formato, además, empieza a moverse hacia una dimensión más internacional, con la participación de otros países que buscan tener presencia dentro del tianguis, lo cual cambia la escala del evento y lo acerca a la dinámica de las grandes ferias globales.
“Hoy el valor del tianguis está en lo que ocurre después, en los acuerdos que avanzan, en las rutas que se abren y en las decisiones que terminan por traducirse en visitantes, inversión y actividad económica. Aquí el marketing no busca atraer miradas, busca facilitar decisiones”.