El café como puerta de entrada a la tienda
Cueva MAJA fue la primera prueba de la compañía con este modelo. La cafetería, presente en tres tiendas, permitió observar cómo una actividad de consumo cotidiano podía acercar a personas que no necesariamente buscaban ropa.
Algunos visitantes llegaban atraídos por el café y descubrían que el establecimiento también vendía prendas de una marca mexicana. El recorrido podía terminar en una compra y, después, en nuevas visitas motivadas tanto por la oferta gastronómica como por los productos.
“Hay personas que van pensando que solamente es un restaurante, entran y se encuentran con una tienda de ropa mexicana. Algunos terminan comprando prendas y después regresan también al restaurante”, afirma De Nicolás.
El aprendizaje está en la frecuencia. Una persona difícilmente necesita comprar ropa varias veces por semana, pero sí puede regresar por una bebida, una conversación o una pausa durante el día. Cada visita ofrece a la marca otra oportunidad para relacionarse con el consumidor.
“No vas a una tienda de ropa dos o tres veces por semana, pero sí puedes regresar por el café, por el hábito o por la charla. Cada visita genera mayor exposición a los productos y fortalece el posicionamiento de la marca”, señala Nava.
Un hotel complementa la estrategia
Casa MAJA lleva esa lógica un paso más allá. El hotel, que requirió una inversión de 20 millones de pesos, incorpora el hospedaje y otras actividades a la propuesta comercial, con lo que busca que la marca forme parte de una estancia y no únicamente de una visita a una tienda.
La empresa ya ha recibido propuestas de operadores interesados en utilizar la marca y de propietarios que quieren rentarle hoteles en destinos como Todos Santos, Puerto Escondido, San Cristóbal de las Casas, San Carlos, Cuatro Ciénegas y Tepoztlán.
Esas conversaciones abren la posibilidad de llevar el concepto a otros mercados, pero la compañía todavía no ha confirmado nuevas aperturas. La expansión dependerá del desempeño del establecimiento de Chapala y de la evidencia de que el modelo puede funcionar fuera de su mercado original.
“Primero tenemos que probar y comprobar que el modelo funciona porque no hay que perder de vista que somos una marca de ropa. El hotel busca dar un paso adicional para conectar de una manera diferente con el cliente”, sostiene De Nicolás.
El riesgo es que una mala experiencia en uno de estos servicios termine afectando al resto del negocio, incluso cuando la calidad de las prendas no esté en cuestión.
“El primer riesgo es operativo. Un mal café, un mal servicio o un mal sabor pueden generar una mala reputación y una percepción negativa porque el prestigio y la credibilidad de la marca están de por medio”, advierte Nava.