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Nuestras Historias

Pese al caos potencial, Trump se inclina por cerrar la frontera

Al presidente no le importó sumir a Estados Unidos en su cierre de gobierno más largo, por lo que puede tomar una decisión que serviría a muchos de los objetivos políticos fundamentales a corto plazo.
¿Un plan?
Contraproducente. Si el gobierno de Trump cierra la frontera con México, las peticiones de asilo se volverán un problema aún más grave.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, podría desatar el caos y una grave perturbación económica si finalmente cumple su promesa de cerrar la frontera con México . Sin embargo, está claro que se siente tentado a hacerlo.

Un gesto tan dramático serviría a muchos de los objetivos políticos fundamentales de Trump a corto plazo, daría rienda suelta a la personalidad dominante y al deseo de complacer a los partidarios más vehementes que subyacen a gran parte de su conducta como presidente.

"Nuestras zonas de detención están a máxima capacidad y ya no recibiremos más ilegales. ¡El siguiente paso es cerrar la frontera!", tuiteó Trump el lunes, 1 de abril, luego de que el fin de semana les dijera a los reporteros que no está jugando. Los días siguientes, Trump siguió en la misma tónica.

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El discurso antiinmigración de Trump y su disposición a desacatar las normas internacionales indican que le importan poco las consecuencias humanitarias y diplomáticas de la medida tan radical que amenazó con implementar a partir de esta semana.

Sin embargo, el efecto rápido y grave del cierre de la frontera sobre la economía —en sectores como la manufactura de automóviles, las ventas al menudeo y los alimentos frescos, y las exportaciones de Estados Unidos a uno de sus principales socios comerciales, México— podría moderar a Trump e indica que podría estar blofeando, otra vez.

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El lunes también hubo signos de que su gobierno podría estar usando la amenaza de cerrar la frontera para empujar a los gobiernos regionales a actuar para impedir la huida de migrantes. Stephen Miller, jefe de asesores de Trump, dijo que el presidente de Estados Unidos no estaba listo para decidir sobre el cierre de la frontera.

Según las notas que tomó uno de los presentes en una teleconferencia entre Miller y unos representantes del gobierno en cuestiones de inmigración , y a las que CNN tuvo acceso, Miller dijo: "Ya veremos cuántos avances podemos lograr en los próximos días respecto a lograr más cumplimiento en Centro y Sudamérica para que no nos inundemos de solicitudes de asilo sin méritos, predominantemente de Centroamérica".

El cierre de la frontera provocaría el aumento inmediato del precio de las frutas y las verduras en todo Estados Unidos en la época de cultivo, ya que México es una fuente particularmente importante de alimentos para Estados Unidos. En cuestión de días habría escasez en todo el país, incluso en el Medio Oeste y el Sur, bastiones políticos de Trump.

"Desde hace mucho no ha habido una época en Estados Unidos en la que los anaqueles de los supermercados estén vacíos y no haya alimentos frescos", dijo Lance Jungmeyer, presidente de la Asociación de Alimentos Frescos de las Américas. "Nos hemos acostumbrado mucho a tener toda la comida que queramos, cuando queramos, y a un precio razonable".

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Así, aunque Trump podría estar dándoles la victoria a sus partidarios respecto a la inmigración, por otro lado podría estar quitándoles algo aún más vital y esta ecuación política podría ser uno de los factores disuasivos para el cierre de la frontera.

"El impacto en Estados Unidos en general, incluso con las bases del presidente, sería sustancial y muy rápido", dijo Geoff Thale, vicepresidente de programas de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos, un grupo de defensa de los derechos humanos.

Un posible callejón sin salida político

Otra de las grandes desventajas políticas para Trump es que el cierre de la frontera podría no ser la forma más eficaz de mitigar una crisis desatada por la acumulación de solicitudes de asilo. Podría causar otros problemas en la frontera y llevarlo a un callejón sin salida político del que podría serle muy difícil salir.

Como pasa con muchas otras iniciativas de la administración — incluida la decisión reciente del Departamento de Justicia de respaldar la abrogación de Obamacare —, no hay muchas pruebas de que la Casa Blanca se haya anticipado y tenga un plan.

Pese a que el lunes enviaron más agentes de aduana y protección fronteriza a la frontera con México y se está evaluando la designación de un zar antiinmigración, el gobierno estadounidense no ha explicado cómo cerraría la frontera, parcial o totalmente, ni qué significaría dicha medida.

Pese a todo, los funcionarios de la Casa Blanca dicen —en público y en privado— que no pueden predecir qué hará Trump para resolver lo que, en palabras de la secretaria de Seguridad Interior, Kirstjen Nielsen, es una crisis "desbocada" por el aumento del flujo de migrantes a la frontera. Según la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos, la cifra definitiva de cruces fronterizos de migrantes indocumentados en marzo sería de más de 100,000; durante ese mes, se puso bajo custodia a 40,000 niños . La misma Nielsen tuvo que abandonar unas reuniones de seguridad bilateral en Europa , el 1º de abril, para regresar a Estados Unidos y seguir manejando la situación en la frontera sur, según dijo un funcionario del Departamento de Seguridad Interior a Geneva Sands, de CNN.

El domingo 31 de marzo, el jefe interino de despacho de la Casa Blanca, Mick Mulvaney, dijo en el programa This Week, de la televisora estadounidense ABC, que tendría que pasar "algo dramático" para que Trump diera marcha atrás en su amenaza de cerrar la frontera. Kellyanne Conway, asesora política de Trump, advirtió en el programa Fox News Sunday que la advertencia de su jefe "ciertamente no es un blof".

Pamela Brown, de CNN, reportó el lunes, 1º de abril, que las autoridades le habían explicado a Trump las implicaciones jurídicas y prácticas de cerrar la frontera al principio de su presidencia, incluso el hecho de que algunas personas viven de un lado de la frontera y llevan a sus hijos a la escuela o trabajan en el otro.

Sin embargo, Trump se siente muy frustrado y está obsesionado con el cierre; les preguntó a sus asesores por qué no puede darle vuelta a la ley.

Cerrar la frontera, algo típico de Trump

Si es fiel a sus instintos más básicos, Trump cumplirá su amenaza.

Cerrar la frontera sería la clase de uso generalizado del poder ejecutivo que tanto le gusta a Trump. Serviría para identificar —y castigar— a un enemigo, México. Con el cierre de la frontera, desafiaría a los expertos y a la burocracia permanente de Washington, a quienes les preocupan las consecuencias graves de tal medida.

Además, complacer a sus bases en el tema de la inmigración ha sido uno de los motores de su presidencia.

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No está claro si las semanas de reuniones informativas con altos funcionarios preocupados por los efectos del cierre de la frontera y las advertencias de grupos como la Cámara Estadounidense de Comercio convencerán a Trump de evitar una "calamidad económica" una vez que se haya decidido. Después de todo, Trump tiene una visión muy particular del comercio: durante el fin de semana, insinuó que sellar la frontera podría reducir el déficit comercial y ser una "operación generadora de ganancias".

Durante el cierre administrativo más largo de la historia, Trump estuvo dispuesto a infligir dolor a cientos de miles de estadounidenses —empleados gubernamentales— con la vana esperanza de lograr una victoria política y obligar al Congreso a financiar su muro fronterizo.

Trump también tiene la tendencia a priorizar los triunfos a corto plazo y a ignorar los daños graves potenciales de sus estrategias a largo plazo.

Un ejemplo es la decisión que tomó el fin de semana de suspender la entrega de cientos de millones de dólares en asistencia a países centroamericanos . Es probable que esta medida exacerbe las malas condiciones de seguridad y sociales que provocan que los inmigrantes huyan de los países sin ley a los que llaman hogar y se dirijan a la frontera con Estados Unidos.

Sin embargo, esta decisión representa un uso agresivo del poder presidencial y un golpe al concepto de asistencia extranjera que coincide con su política de "Estados Unidos primero", además de que lo hizo quedar bien con sus partidarios.

A diferencia de muchos otros presidentes, Trump suele estar dispuesto a apostar la reputación de Estados Unidos y a ignorar las consecuencias diplomáticas de las decisiones que le benefician políticamente.

Todavía no paga el precio a largo plazo de haber mudado la embajada de Estados Unidos en Israel a Jerusalén, ni de retirarse del tratado nuclear con Irán. Trump advirtió que ambas decisiones causarían polémica y dañarían la reputación de Estados Unidos, así que es probable que tome las advertencias de sus asesores menos en serio de lo que se espera.

Cerrar los puestos fronterizos en los límites con México podría exacerbar la crisis de migración , sin importar lo políticamente satisfactorio que sea para Trump.

Uno de los efectos secundarios podría que los solicitantes de asilo se alejen de los cruces oficiales y se internen más en el territorio. En ese caso, Trump podría argumentar que su muro fronterizo es aún más necesario, aunque tal argumento sería una manipulación temeraria de los hechos, incluso para Trump.

Un enfoque más focalizado consistiría en traer más funcionarios judiciales, jueces y especialistas en asilo para procesar las solicitudes rápidamente. La creación de nuevas instalaciones para alojar a los migrantes indocumentados y a quienes los cuidan podría aliviar las malas condiciones humanitarias.

Sin embargo, parece poco probable que las facciones políticas beligerantes en Washington se pongan de acuerdo para actuar porque la inmigración es un tema que ha eludido una solución bipartidista desde hace más de una década. Las divisiones se han exacerbado aún más por el discurso incendiario de Trump sobre un tema que sirvió, más que cualquier otro, para consolidar su ascenso político.

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"Trabajar con el Congreso para implementar una reforma inmigratoria integral" fue la respuesta del senador demócrata, Ben Cardin, a la pregunta de Dana Bash, de CNN, respecto a lo que Trump debería hacer.

"Si el presidente de verdad quiere que nuestro sistema de inmigración sea como debe ser, tiene que trabajar con nosotros para lograr una reforma inmigratoria integral y dejar de hacer esta clase de actividades que solo ponen a nuestros vecinos en nuestra contra".

Pamela Brown, Jim Acosta y Abby Phillip, de CNN, contribuyeron con este reportaje.

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