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Nuestras Historias

Incluso con la victoria, Netanyahu tiene mucho que perder

El primer ministro de Israel enfrenta acusaciones de corrupción que pueden acabar con su mandato, que ya apunta a ser el más largo de la historia de su país.
As bajo la manga.
As bajo la manga. Mientras Netanyahu no cruce sus límites religiosos y les dé el apoyo económico que quieren, es poco probable que los partidos ultraortodoxos se retiren de la coalición de gobierno.

JERUSALÉN (CNN)- Tras la victoria electoral del primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, es muy probable que asegure un quinto mandato histórico. Asumiendo que logre concretar las negociaciones para la coalición, se volvería el líder de Israel con el mandato más largo en algún momento del verano . Sin embargo, este mandato también podría ser el más breve de Netanyahu, ya que las investigaciones por corrupción ensombrecen la política israelí de derecha.

Si lo sujetan a proceso por corrupción —tras una audiencia que se espera que se celebre dentro de los próximos meses—, sus días podrían estar contados. Aunque sus aliados de la coalición están dispuestos a apoyarlo ahora porque domina al electorado israelí de derecha, ese apoyo podría estar en peligro si el procurador general de Israel, Avichai Mandelblit, lo sujeta a proceso por corrupción o abuso de confianza.

Pese a que tachó las investigaciones de cacería de brujas fomentada por la prensa, Netanyahu está bien consciente del riesgo que representan para su reinado. En su coalición anterior, algunos de los partidos de derecha más pequeños revelaron que el enjuiciamiento sería el fin del mandato de Netanyahu.

Anshel Pfeffer, autor del libro Bibi: The Turbulent Life and Times of Benjamin Netanyahu, predice que Netanyahu usará su nuevo gobierno para tratar de aprobar leyes sobre inmunidad que lo protejan. Aunque lo intente, no está claro si Netanyahu tendrá los votos para lograrlo . "Si asumimos que falla el intento de lograr la inmunidad, cosa que creo que pasará, y si asumimos que Mandelblit procede [con las órdenes de sujeción a proceso], cosa que también creo que hará, tendremos el drama de si Netanyahu irá a juicio como primer ministro en funciones", explica Pfeffer. "Ese es el plan". De acuerdo con Pfeffer, sería un momento crucial para sus coaligados.

La pregunta es si la posibilidad de que el primer ministro en funciones quede sujeto a proceso por corrupción bastará para que sus partidarios políticos lo abandonen.

Dos de sus partidarios principales son los partidos ultraortodoxos que tuvieron gran participación en las elecciones. Mientras Netanyahu no cruce sus límites religiosos y les dé el apoyo económico que quieren, es poco probable que se retiren de la coalición, aunque la encabece un primer ministro sujeto a proceso.

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Además, los dos o tres partidos más pequeños de derecha, que también se espera que se incorporen a la coalición de Netanyahu, entrarían al gobierno de sus sueños: sería difícil imaginar una coalición más abierta a sus exigencias. El atractivo de la posibilidad de tomar medidas para anexarse la Margen Occidental podría animarlos a dejar a un lado los peligros jurídicos del primer ministro.

Lee: ¿Qué está en juego en las elecciones de Israel?

Muchos electores israelíes, que recompensaron el éxito de Netanyahu en su intento por darles un país seguro, una economía exitosa y mejores relaciones con algunas de las grandes potencias del mundo, comparten esa disposición a pasar por alto las investigaciones judiciales y a centrarse en otras prioridades. La posibilidad de un juicio no los convencerá de darle la espalda al hombre que está a punto de volverse el primer ministro con más tiempo en el cargo.

Cuando Netanyahu ganó, en 2015, creó una coalición con el mínimo de escaños: 61. Algunos analistas predijeron que su gobierno no duraría, pero Netanyahu mantuvo unida a la coalición durante cuatro años, más que cualquiera otra que haya dirigido. Los intereses en común de la derecha y la falta de presiones externas para entablar un proceso de paz con los palestinos se tradujeron, en gran medida, en una buena colaboración partidista.

Esta vez, el escenario político podría ser aún mejor para Netanyahu. Naftali Bennett, uno de los ministros que más problemas le ha dado al acusarlo repetidamente de ser débil ante el terrorismo de Hamas, no logró obtener un escaño en el Parlamento. Pasó lo mismo con otro rebelde de derecha, Moshe Feiglin, quien ha sido un dolor de cabeza para Netanyahu. Los partidos de ambos hombres quedaron por debajo del umbral electoral.

Así, Netanyahu se prepara para hacer lo que ha hecho en otras cuatro ocasiones y construirá un gobierno, pero esta vez, tendrá más influencia. Con Netanyahu, el partido Likud ha crecido más que nunca y supera por mucho a sus coaligados potenciales.

Su oferta para los aliados es que lo apoyen, aunque lo sujeten a proceso, a cambio de promover los intereses de la derecha, entre ellos —tal vez— la anexión de partes de la Margen Occidental.

Ya sea que sobreviva como primer ministro o no, una cosa es segura: un verano que debió haberse dedicado a celebrar el momento en el que se volvería el líder con el mandato más largo en Israel quedará opacado por una lucha más por su supervivencia política.

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