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Nuestras Historias

Guyana, la revolucionaria excepción en un continente en crisis

Este es el único país de América Latina y el Caribe cuya economía crecerá en 2020, nada menos que 44.3%, gracias a los hallazgos de pozos petroleros de los últimos cinco años.
jue 03 septiembre 2020 05:02 AM
Guyana
Con una producción de petróleo que ya ronda los 120,000 barriles diarios promedio, sumado a proyecciones que indican que ese nivel se multiplicará por seis hacia 2026, Guyana vive un vertiginoso proceso de cambio.

América Latina sufrirá este año la peor contracción económica desde que se tienen registros. Las limitaciones a la movilidad para intentar evitar la propagación del coronavirus, la menor demanda de bienes y materias primas desde Estados Unidos, China y otros países industrializados, además del impacto en el sector turístico de las restricciones del tráfico aéreo, confluyeron para asestar un duro golpe a los niveles de actividad. La Comisión Económica para América Latina (Cepal) prevé una caída del 9.1% del PIB regional. En tanto, el descenso del PIB per cápita llegaría al 9.9%, con lo que los ingresos por habitante retrocederían a los registros de 2010.

No obstante, hay una excepción que brilla en medio de ese escenario sombrío. Se trata de Guyana, el único país latinoamericano cuya economía crecerá este año. Y no lo hará a una tasa modesta: la expansión del PIB promete alcanzar el 44.3%, según la última actualización de la Cepal. ¿Qué está impulsando ese milagro?

Los hallazgos de una quincena de prolíficos pozos petroleros que se vinieron sucediendo desde 2015 empezaron a convertirse en crudo a fines del año pasado. Con una producción de petróleo que ya ronda los 120,000 barriles diarios promedio, sumado a proyecciones que indican que ese nivel se multiplicará por seis hacia 2026, Guyana vive un vertiginoso proceso de cambio que promete transformar la realidad de un país con una población de apenas 780,000 habitantes y un PIB inferior a 5,000 millones de dólares.

El origen de semejante reconversión ocurrió en 1999, cuando Guyana otorgó a ExxonMobil el bloque Stabroek, un área de 26,800 kilómetros cuadrados ubicado a 193 kilómetros de la costa. La apuesta por una región en la que no se sabía ni siquiera si había un sistema petrolero activo dio resultados. Desde el primer descubrimiento en el yacimiento Liza en 2015, los volúmenes de reservas recuperables ya superan los 8,000 millones de barriles de petróleo, una suma que transformó a la campaña de exploración en Stabroek en una de las más exitosas del último lustro en todo el mundo.

El futuro asoma aún más promisorio. De acuerdo al consenso de los analistas del sector petrolero, quedan otras 25 perspectivas de exploración adicionales en Stabroek, donde Exxon opera junto a la estadounidense Hess y la china CNOOC. A eso se suma la aceleración de los planes de exploración de petroleras como la francesa Total, la española Repsol y la canadiense Frontera Energy en bloques contiguos a Stabroek.

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"El éxito exploratorio todavía está altísimo, entre 80% y 100% de las perforaciones", dice Carlos Rocha, director de la consultora IHS Markit, en Río de Janeiro. "Dado que la continuidad de los descubrimientos se extenderá hasta que la tasa de éxito exploratorio caiga al 20%, hay potencial para duplicar las reservas actuales".

Con esas perspectivas, si bien las restricciones impuestas para contener el COVID-19 han ralentizado las perforaciones, la meta de las petroleras presentes en Guyana es alcanzar una producción de 750,000 barriles diarios en 2026. De confirmarse, el país se transformaría en el mayor productor de barriles per cápita del mundo, por delante del actual líder Kuwait.

Cambio político

Los frutos de la inminente bonanza fue el tema casi excluyente de la campaña para las elecciones presidenciales celebradas en marzo pasado en Guyana. Tras las acusaciones de irregularidades después de los comicios, los observadores de la Comunidad del Caribe (Caricom) que supervisaron el recuento recién confirmaron los resultados a mediados de junio. Ese impasse desaceleró el ritmo de las inversiones. Más aún si se tiene en cuenta que el vencedor de las elecciones fue el candidato opositor Mohamed Irfaan Ali, quien había señalado en campaña que iba a renegociar todos los contratos petroleros.

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Esas posiciones, no obstante, se fueron moderando tras el triunfo electoral. De hecho, en su discurso inaugural el 2 de agosto pasado, Irfaan Ali anunció la creación de una comisión petrolera que "garantizará que el sector de hidrocarburos no quede sujeto a interferencias políticas indebidas".

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"El nuevo presidente dijo que no cambiará los términos del contrato de Exxon, lo que implica un reconocimiento de que sería muy arriesgado para Guyana hacer una modificación a un contrato ya vigente", dice Lisa Viscidi, directora del programa de Energía, Cambio Climático e Industrias Extractivas de Inter-American Dialogue, en Washington. "En cambio, los contratos que fueron firmados después del de Exxon por otras compañías, que están explorando pero aún no encontraron petróleo de calidad para producir comercialmente, sí serán revisados".

El llamado government take, esto es, la participación que recibe el Estado en la renta que generan los proyectos, ronda en Guyana el 60%, por debajo del 80% de países petroleros más maduros como Nigeria, Noruega, Indonesia y Trinidad y Tobago. “Exxon tiene un contrato que es muy bueno en términos fiscales para la compañía, pero no tan bueno para el país”, dice Rocha.

En ese marco, pese a la serie de hallazgos de los últimos años, el nivel de presión tributaria de Guyana continúa siendo comparable solo con áreas todavía fronterizas, como Israel o Mauritania.

"La recaudación es todavía baja", dice Viscidi. "Ante eso, además del aumento en la presión tributaria para los contratos que van más allá de Stabroek, también habrá un incremento en las licitaciones que se convoquen para otorgar nuevos bloques".

En cualquier caso, el dinero por las primeras exportaciones de crudo ya está ingresando a un fondo soberano lanzado por Guyana, similar a los implementados en Noruega, Qatar y Kuwait, entre otros países. Según la consultora Wood Mackenzie, en los próximos 20 años, los ingresos fiscales anuales promediarán 7,000 millones de dólares, casi el doble que el PIB registrado en 2019.

Ese altísimo potencial promete cambiar de raíz la estructura económica de un país basado hasta ahora en las exportaciones de azúcar, arroz, madera y oro.

Un conflicto con Venezuela

Pero esa expansión estará supeditada a la resolución, entre otros factores, de un histórico conflicto limítrofe con Venezuela por el territorio de Esequibo. Con 159.500 kilómetros cuadrados, esa zona, que constituye en la actualidad dos tercios del territorio de Guyana, fue controlada en distintas etapas por el imperio español, el holandés y el británico.

En 1897, el Imperio Británico se comprometió con Venezuela, que reclamaba el territorio, a resolver la disputa en tribunales internacionales. Dos años después, un laudo arbitral en una corte de París adjudicó Esequibo al Imperio Británico.

Guyana sostiene que Caracas renunció entonces a su reclamo por esa zona de selva escasamente poblada. Sin embargo, en 1962 Venezuela presentó ante Naciones Unidas una demanda con el argumento que el laudo arbitral había sido resuelto en forma fraudulenta. En 1966, año en que Guyana declaró su independencia de Gran Bretaña, se firmó el Acuerdo de Ginebra. Ese pacto determinó que la zona sea controlada por Guyana, aunque su soberanía continuaba siendo disputada por Venezuela.

El conflicto se reavivó en marzo de 2015, cuando Venezuela protestó sin éxito por la autorización que Guyana dio a ExxonMobil para explorar el bloque Stabroek, ubicado dentro de la zona en disputa. La histórica puja territorial llegó a comienzos de julio a la Corte Internacional de Justicia (CIJ), con sede en La Haya.

"El Tribunal ni siquiera ha aceptado el caso hasta ahora, y creo que no lo va a aceptar", dice Viscidi. "Se trata más de una amenaza vacía de Venezuela por lo que, si bien es una cuestión preocupante para los inversionistas, no es significativa".

En todo caso, además de la resolución de ese conflicto limítrofe, Guyana también deberá afrontar los desafíos que traerá el crecimiento exponencial esperado para los próximos en un país que carga con instituciones débiles y una severa escasez de capital humano.

"Si bien Guyana tiene altos retos por delante, a los que se sumará una fuerte emigración de venezolanos una vez que la economía consolide su crecimiento, el país tiene un futuro imponente", dice Rocha. "Gracias a los hallazgos petroleros, Guyana cambiará por completo en los próximos años y esa transformación ya comenzó".

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