Una crisis económica sin precedentes
Las manifestaciones comenzaron el 28 de diciembre, cuando comerciantes iraníes cerraron sus tiendas en protesta por el deterioro de la situación económica, agravada por las sanciones occidentales y la rápida devaluación de la moneda nacional.
El rial tocó entonces un mínimo histórico frente al dólar, según el tipo informal del mercado negro, a más de 1.4 millones de riales por dólar (frente a 820,000 de un año antes) y 1.7 millones por euro (frente a 855,000).
La depreciación crónica de la moneda provoca hiperinflación y una fuerte volatilidad en Irán, donde algunos precios aumentan considerablemente de un día para otro.
La fluctuación de los precios paralizaba las ventas de ciertos bienes importados, ya que tanto vendedores como compradores preferían posponer cualquier transacción a la espera de mayor claridad.
La inflación anual alcanzó el 42% en diciembre, mientras que la inflación de los alimentos se disparó al 72%, y el precio del pan aumentó un 113%. Los aumentos de precios tienen un impacto mucho más severo en las áreas provinciales más pobres.
Todo esto condujo a un deterioro sostenido de las condiciones de vida de los iraníes y la mala gestión crónica de servicios estatales por parte del Estado, como el acceso al agua.
De acuerdo con analistas, la crisis subraya cómo el régimen teocrático ha sido desgastado por una combinación de décadas de sanciones fluctuantes de los Estados Unidos, mala gestión interna y corrupción.
El presidente iraní, Masud Pezeshkian, pidió entonces a sus funcionarios que escuchen "las demandas legítimas" de los comerciantes.
"Pedí al ministro del Interior que escuche las demandas legítimas de los manifestantes dialogando con sus representantes para que el gobierno pueda actuar con todas sus fuerzas para resolver los problemas y hacerlo de manera responsable", urgió Pezeshkian, según declaraciones recogidas por la agencia de noticias Irna, entre otros medios oficiales.