Su carrera comenzó en Goldman Sachs, donde pasó trece años trabajando en las oficinas de la firma en Londres, Nueva York y Tokio, antes de abandonar el sector privado en 2003 para incorporarse al Banco de Canadá.
El canadiense fue transparente sobre sus intenciones de mantener los tipos de interés bajos durante al menos un año, tras recortarlos drásticamente, una decisión que acabaría siendo ampliamente elogiada por contribuir a sostener la inversión incluso cuando los mercados se hundieron.
Adoptó un enfoque similar en 2013 al regresar a Londres, esta vez al frente del Banco de Inglaterra, convirtiéndose en el primer no británico en ocupar el cargo en tres siglos. El entonces ministro de Finanzas, George Osborne, lo definió como "el gobernador más destacado de su generación".
Desde su llegada al poder, Carney ha enfrentado las amenazas expansionistas de Trump, quien también le ha impuesto aranceles a las importaciones canadienses, a pesar de contar con un acuerdo de libre comercio.
Carney llegó al poder después de que Trudeau, asolado por la baja popularidad y conflictos en sus propias filas, renunciara a su cargo como primer ministro unos días antes del regreso de Trump a la Casa Blanca.
El mandatario canadiense convocó elecciones para el 29 de abril, centró a su partido y, durante la campaña, aseguró ser el líder que su país necesitaba para hacer frente a los embates de la Administración de Trump. Ganó las elecciones con contundencia.