El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, fue uno de los primeros en criticar el show del medio tiempo del Super Bowl, encabezado este domingo por Bad Bunny. Además, arremetió contra la National Football League (NFL) por la organización del evento y por diversos aspectos de sus reglas.
Sin embargo, su confrontación con la liga no es nueva. Desde los años 80, Trump ha mantenido una relación tensa con el máximo organismo del futbol americano profesional, cuando decidió convertirse en su rival directo al apostar por una liga emergente que pretendía disputarle el dominio del mercado.
Aquella iniciativa, que en papel lucía ambiciosa, terminó hundiéndose por la estrategia impulsada por el propio Trump. Su estilo confrontacional, la toma de decisiones imprudentes y una visión marcada por la soberbia llevaron a una escalada de conflictos legales y financieros que acabaron por asfixiar el proyecto.
Lejos de consolidar una alternativa real a la NFL, Trump empujó a la nueva liga a una guerra frontal para la que no estaba preparada. El resultado fue devastador: la competencia colapsó, se declaró en bancarrota y desapareció, arrastrando consigo las inversiones de otros empresarios que habían confiado en la viabilidad del proyecto.