Ocho centrales termoeléctricas constituyen el corazón del sistema eléctrico de la isla. Casi todas inauguradas en los años 1980 y 1990, sufren averías frecuentes o deben cerrar durante semanas para tareas de mantenimiento.
El gobierno cubano afirma que las sanciones estadounidenses le impiden reparar su red eléctrica, pero los economistas señalan la crónica falta de inversión del Estado en este sector.
Sobre la salud, el ministerio de Salud Pública cubano reiteró que solo el 30% de la lista de medicamentos esenciales se podía encontrar en el país.
El informe añade que por ello “siguen estallando protestas por los apagones, la escasez, el deterioro de las condiciones de vida y el fuerte aumento de los costos de internet”.
El papel de Estados Unidos
HRW también denuncia el papel que juegan actores externos en la crisis cubana. Estados Unidos es el principal de los países extranjeros que intervienen en los problemas de la isla.
“Estados Unidos continuó su política de aislamiento hacia Cuba, incluido el mantenimiento de un embargo de décadas que socava aún más el acceso a los derechos económicos. Las autoridades cubanas continúan usando el embargo estadounidense como pretexto para los abusos”, dice el informe.
Durante su primer año de regreso a la Casa Blanca, Donald Trump tomó varias decisiones contra el gobierno cubano, como una estrategia para forzar el final del régimen.
Su administración amplió la lista de negocios cubanos con los que los ciudadanos estadounidenses tienen prohibido realizar transacciones financieras, y restringió las visas para el presidente cubano Miguel Díaz-Canel y otros altos funcionarios, por su participación en abusos de los derechos humanos durante las protestas antigubernamentales de julio de 2021.
Además, el gobierno estadounidense ha amenazado recientemente con imponer aranceles a los países que envíen petróleo a Cuba. México detuvo los envíos de combustible a la isla después de la advertencia.