En sus redes sociales con millones de seguidores, Bukele difunde videos de surfistas en olas gigantes y a Shakira la presentó como ejemplo de que el país "está cambiando".
"Un cambio radical", atestigua López, ingeniero de 44 años, quien llegó desde Limón, un puerto del Caribe costarricense azotado por narcotraficantes.
"Justos por pecadores"
Pero ONG como Amnistía Internacional y Human Rights Watchs denuncian el costo de la guerra contra las pandillas: bajo el estado de excepción han sido detenidas unas 90,000 personas, incluidos unos 8,000 inocentes ya liberados, reconoce el gobierno.
En una carta abierta, Movir, un colectivo de familiares de detenidos, expresó a Shakira la preocupación de que su gira "Las mujeres ya no lloran" fuera usada por Bukele para "encubrir la injusticia y sus condenables actos".
"En El Salvador también lloran las mujeres, madres y familiares de las víctimas inocentes que sufren cárcel, tortura y muerte, desalojos forzados, persecución y juicios amañados", señaló la misiva.
Las denuncias, sin embargo, no afectan la popularidad del mandatario de 44 años, apoyado por nueve de cada diez salvadoreños, según encuestas. Tampoco espantan a los turistas.
"Como en todo proceso de cambio, siempre va a existir ese 'justos pagan por pecadores'", dice López en una animada calle de bares y restaurantes, donde venden camisetas estampadas con el rostro de Bukele usando sus acostumbradas gafas de sol.
De visita con sus padres en El Tunco, el neerladés Camille Schyns, radicado en Guatemala, dice estar enterado de que hay "bastantes violaciones de derechos humanos" y que "están arrestando a gente" sin el debido proceso.
"Pero al mismo tiempo (...) lo que me dice la gente que conozco, los salvadoreños, es que les gusta que la seguridad ha aumentado muchísimo", comentó a la AFP.