La economía es un desastre
La moneda ya se había depreciado vertiginosamente desde la guerra de junio de 2025 con Estados Unidos e Israel. La crisis fue la chispa que encendió la mecha para las manifestaciones antigubernamentales más multitudinarias de la historia reciente, que comenzaron con huelgas de comerciantes en el famoso bazar de Teherán a fines de diciembre.
Miles de personas murieron luego por la represión, según grupos de defensa de los derechos humanos. Pero desde entonces, a la inflación se ha sumado una explosión del desempleo.
La guerra obligó a muchas empresas a cerrar sus puertas, dejando a los empleados en la incertidumbre, sin siquiera saber si les pagarán los salarios atrasados.
En todo el país, los bazares han reducido sus horarios de apertura mientras que el sector de la construcción despedía masivamente a obreros, lo que perjudica mucho a los migrantes afganos.
"Cuando comenzó la guerra, las oportunidades de empleo escasearon y la gente dejó de trabajar en las obras", explica Faizulá Arab, un pintor desempleado de 23 años, que regresó a Afganistán el fin de semana pasado tras pasar un tiempo en Teherán.
"Los empresarios se han ido al extranjero", añade su compatriota Walijan Akbari, un obrero de 42 años. Aquellos que dependen de internet para trabajar llevan cinco semanas de corte de las comunicaciones.
"Estoy realmente muy preocupada por nuestro futuro, especialmente en el plano económico", confesó la semana pasada una mujer de 35 años que trabaja en finanzas, en el centro de Isfahán (centro).
"Despidos masivos, cierres a gran escala (...) es asombroso", añadió.
Los ataques aéreos contra la siderurgia y las instalaciones petroquímicas también tendrán un impacto a largo plazo.
Problemas bancarios
A Adnan Mazarei, antiguo funcionario del Fondo Monetario Internacional (FMI), le preocupa el sector financiero.
Las tarjetas bancarias y los servicios en línea en general continuaron funcionando durante la mayor parte de la contienda, pero se ha puesto un límite para sacar dinero de los cajeros automáticos, para evitar retiros masivos.
Antes de la guerra "el sistema bancario estaba en una situación difícil, muy vulnerable, con balances frágiles", recuerda a la AFP.
Y ahora, ante la incapacidad de los particulares y las empresas de reembolsar sus préstamos, es probable que empeore.
El último establecimiento bancario en quebrar hasta la fecha fue Ayandeh, uno de los mayores bancos privados del país, que colapsó a finales de 2025.
Adnan Mazarei cree que podría hacer falta rescatar a otros bancos, lo que sin duda "provocará un nuevo aumento de la inflación". Según el centro oficial de estadística iraní, ésta fue del 50.6 % a mediados de marzo.
Con información de AFP