Publicidad
Revista Digital
Publicidad

La presión de Trump sobre la FIFA desafía las reglas del deporte y la diplomacia

La intervención para favorecer a Estados Unidos vuelve a cuestionar la autonomía de la FIFA y refleja un patrón que también marca la relación comercial y diplomática con sus socios.
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, sostiene el trofeo de la Copa del Mundo en el Despacho Oval el 22 de agosto de 2025 en Washington D. C.
"Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme”, ha dicho Trump sobre su respeto al derecho internacional. (FOTO: Chip Somodevilla/Getty Images)

Estados Unidos es el menos apasionado por el fútbol entre los equipos anfitriones del Mundial 2026, pero con el presidente Donald Trump al mando, el deporte rey también se ha convertido en un campo de batalla diplomático y en una nueva muestra del desdén del mandatario por las reglas.

Trump, que está orgulloso del papel de Estados Unidos como coanfitrión del Mundial, reconoció este lunes que se puso en contacto con la FIFA, que revocó la tarjeta roja mostrada a la estrella estadounidense Folarin Balogun.

Balogun recibió la tarjeta roja durante una victoria de Estados Unidos contra Bosnia, un país firmemente proestadounidense, donde una cuenta en X de apoyo a los jugadores calificó a la FIFA y al gobierno estadounidense como una "mafia".

Publicidad

Como ocurrió cuando impuso aranceles, menospreció a líderes extranjeros o cuestionó a la OTAN, su intervención en la tarjeta roja hizo que los europeos cerraran filas.

El ministro de Relaciones Exteriores belga, que se enfrentó a una selección estadounidense completa en su partido de eliminación directa del lunes, calificó el giro de la FIFA de "incomprensible".

El comisionado de Deportes de la UE, Glenn Micallef, dijo que decisiones de este tipo "corresponden a los organismos deportivos, no a los políticos”.

El secretario de Estado Marco Rubio, que dijo que a Estados Unidos lo "jodieron" con la tarjeta roja, bromeó con que el episodio podría salir a colación en una cumbre de la OTAN esta semana.

"Tal vez estén intentando provocar un incidente internacional", dijo Rubio.

Sin igualdad de condiciones

La petición de Trump pone en entredicho la igualdad de condiciones para todos los participantes en el torneo, especialmente por la relación cercana entre el presidente estadounidense y el jefe de la FIFA, Gianni Infantino.

“La igualdad de reglas es uno de los pilares del deporte. Cuando una excepción beneficia a un solo equipo o a un solo jugador, la percepción de justicia se erosiona. Y cuando eso ocurre, pierde el fútbol, aunque alguien gane el partido”, dice Gildardo López, profesor de la Escuela de Gobierno de la Universidad Panamericana.

Para los observadores, la FIFA ha cruzado un nuevo límite al intervenir en decisiones deportivas, poniendo en riesgo la integridad del torneo, pero su gestión arbitraria bajo su influencia política no es ninguna novedad.

Durante el sorteo del Mundial, en diciembre de 2025, se entregó a Donald Trump un "premio FIFA de la paz" creado para la ocasión, con unos criterios de atribución no anunciados y que suscitó la incredulidad y burlas entre bastidores, si bien de las 211 federaciones miembro de la FIFA, solo Noruega pidió explicaciones.

Publicidad

“Se pone en duda la igualdad de trato. Porque ahí estamos viendo que le están dando preferencia a un equipo, no solamente al anfitrión, sino al de una potencia”, dice José Joel Peña, profesor de relaciones internacionales de la FES Acatlán de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Con su excesivo acercamiento a Donald Trump, la FIFA ha superado sus habituales maniobras para complacer al país anfitrión, ya visibles cuando Gianni Infantino trató de mantener al viceprimer ministro ruso Vitali Mutko en el Consejo de la FIFA, en contra de su propio Comité de Ética.

“Mi propia moralidad”

Para el especialista en geopolítica del deporte Simon Chadwick, el caso Balogun es "perfectamente coherente con la mentalidad trumpista", que consiste en reemplazar las reglas por "acuerdos" fundados en un equilibrio de poder.

Para Peña, el episodio de estos días es una muestra más de cómo Trump desprecia las normativas del Derecho Internacional, aunque aclara que la FIFA funciona más como una organización privada que como una organización internacional supranacional o intergubernamental.

“Las normas del Derecho internacional sí existen, pero la eficacia depende finalmente de que las instituciones resistan las presiones políticas y, más importante aún, que haya la voluntad política de los estados o de otros sujetos de derecho internacional o actores internacionales de respetarlas”, dijo el especialista en Derecho internacional.

Donald Trump no ha dado muestras de respetar estas reglas. En enero, el presidente aseguró que el único límite a su poder como comandante en jefe del ejército estadounidense era su “propia moralidad”.

“Sí, hay una cosa. Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme”, dijo en una entrevista con The New York Times después de la operación militar para capturar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en Venezuela.

Publicidad

“No necesito el derecho internacional”, añadió. “No busco hacer daño a la gente”.

Peña explica que Trump tiene una visión transaccional del poder, pues lo ve como una posibilidad de presionar para obtener sus intereses, sin respeto a los tratados internacionales, ni a las leyes de su propio país.

Trump firmó más de 100 órdenes ejecutivas en su primera tarde en su regreso a la Oficina Oval, muchas de las cuales fueron desafiadas por tribunales estadounidenses por su falta de legalidad o que invadían las atribuciones del Congreso.

“Las normas en general para él son obstáculos, que él ve como algo que puede negociarse o incluso presionarse cuando no producen el resultado esperado”, dice Donald Trump.

Un riesgo para México

Este desprecio de Trump por los acuerdos se manifestó la semana pasada cuando Estados Unidos rechazó extender la vigencia del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) por otros 16 años y, en su lugar, optó por mantener el acuerdo bajo un esquema de revisiones anuales.

Peña explica que este esquema generará mucha incertidumbre en las inversiones en México, pero también para el mismo gobierno, ya que deberá negociar con Washington, sin saber muy bien qué esperar.

“Trump está convirtiendo cualquier tema de la agenda bilateral e internacional en instrumentos de presión política. Con México los aranceles han sido lo más mediático, lo más visible, pero también están los impuestos a las remesas y las incursiones supuestamente en territorio mexicano, que no pasan por el procedimiento correspondiente a través de la presidencia de la República y el Senado”, dice Peña.

El internacionalista explica que la situación de México es complicada porque existe una relación de interdependencia asimétrica, lo que le deja al país latinoamericano poco margen de maniobra.

Newsletter

Únete a nuestra comunidad. Te mandaremos una selección de nuestras historias.

Publicidad

Publicidad