Como ocurrió cuando impuso aranceles, menospreció a líderes extranjeros o cuestionó a la OTAN, su intervención en la tarjeta roja hizo que los europeos cerraran filas.
El ministro de Relaciones Exteriores belga, que se enfrentó a una selección estadounidense completa en su partido de eliminación directa del lunes, calificó el giro de la FIFA de "incomprensible".
El comisionado de Deportes de la UE, Glenn Micallef, dijo que decisiones de este tipo "corresponden a los organismos deportivos, no a los políticos”.
El secretario de Estado Marco Rubio, que dijo que a Estados Unidos lo "jodieron" con la tarjeta roja, bromeó con que el episodio podría salir a colación en una cumbre de la OTAN esta semana.
"Tal vez estén intentando provocar un incidente internacional", dijo Rubio.
Sin igualdad de condiciones
La petición de Trump pone en entredicho la igualdad de condiciones para todos los participantes en el torneo, especialmente por la relación cercana entre el presidente estadounidense y el jefe de la FIFA, Gianni Infantino.
“La igualdad de reglas es uno de los pilares del deporte. Cuando una excepción beneficia a un solo equipo o a un solo jugador, la percepción de justicia se erosiona. Y cuando eso ocurre, pierde el fútbol, aunque alguien gane el partido”, dice Gildardo López, profesor de la Escuela de Gobierno de la Universidad Panamericana.
Para los observadores, la FIFA ha cruzado un nuevo límite al intervenir en decisiones deportivas, poniendo en riesgo la integridad del torneo, pero su gestión arbitraria bajo su influencia política no es ninguna novedad.
Durante el sorteo del Mundial, en diciembre de 2025, se entregó a Donald Trump un "premio FIFA de la paz" creado para la ocasión, con unos criterios de atribución no anunciados y que suscitó la incredulidad y burlas entre bastidores, si bien de las 211 federaciones miembro de la FIFA, solo Noruega pidió explicaciones.