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OPINIÓN: Rex Tillerson es bueno para Exxon, pero malo para el planeta

Varias décadas después de haber iniciado una campaña multimillonaria para generar dudas sobre el cambio climático, Exxon podría recibir los mayores rendimientos por su inversión.
jue 12 enero 2017 11:45 AM
tillerson
tillerson tillerson (Foto: KEVIN LAMARQUE/REUTERS)

Nota del editor: Robert Weissman es presidente de Public Citizen , una organización no lucrativa que defiende los intereses de los ciudadanos ante el Congreso de Estados Unidos. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor.

(CNN) — La promesa que hizo Donald Trump durante su candidatura a la presidencia de Estados Unidos respecto a que "acabaría con el monopolio de los intereses especiales" en Washington, ya es material de una parodia del programa de televisión Saturday Night Live. Desafortunadamente, la nominación de Rex Tillerson, director ejecutivo de ExxonMobil, como titular de la Secretaría de Estado, no es cosa de risa: es más una tragedia en ciernes que una comedia.

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Por esta razón los miembros de la Comisión de Servicios Exteriores del Senado estadounidense deberían tratar su audiencia de confirmación, que se llevará a cabo esta semana, como un juicio público más que como una simple formalidad.

Parece que el supuesto candidato que se opone al sistema está decidido a rescatar a la progenie del consorcio Standard Oil de las amenazas a su existencia, simplemente para poner en riesgo el futuro del planeta.

El principal logro de Tillerman en Exxon fue asegurar uno de los contratos más importantes de la historia de la empresa, una alianza estratégica con Rosneft, la petrolera nacional rusa, con la que se esperaban miles de millones de dólares en inversiones de parte de ambas empresas.

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El acuerdo al que se llegó con Rosneft en 2012 dio a Exxon acceso a las vastas reservas inexploradas de petróleo y gas en Rusia a cambio de algunos de los activos de Exxon en todo el mundo y de la capacitación para sus socios en fractura hidráulica. Con el acuerdo también se afianzó la relación personal de Tillerson con el entonces primer ministro de Rusia, Vladimir Putin.

nullNo obstante, tras apenas dos años, todo el proyecto se vino abajo porque Putin decidió anexionar Crimea a Rusia. Las sanciones que Estados Unidos y la Unión Europea implementaron impedían que las empresas estadounidenses como Exxon hicieran negocios con el sector petrolero ruso. En 2014, Exxon reportó que las sanciones le habían costado a la corporación hasta 1,000 millones de dólares.

Es justo revisar las sanciones, pero una cosa es segura: no deberían tomarse decisiones con base en lo que más conviene a Exxon.

Las sanciones a Rusia son solo uno de los muchos problemas de Exxon. Tan solo en 2016, han surgido dudas graves sobre la salud financiera de ExxonMobil. En un análisis reciente se indica que la empresa está perdiendo dinero a raudales, lo que ha obligado a Exxon a depender cada vez más de la deuda a largo plazo para mantener el flujo de los dividendos de los accionistas y el saldo de caja anual.

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Asimismo, la empresa está bajo investigación de la Comisión de Valores y Bolsa de Estados Unidos y los fiscales estatales de Nueva York y Massachusetts porque se cree que engañó a sus inversionistas sobre el cambio climático y el impacto que los esfuerzos para detenerlo tendrían en el valor de la empresa.

En unos documentos internos se revela que la empresa entendía profundamente el impacto de la quema de combustibles fósiles en el planeta desde finales de la década de 1970. Para finales de la década de 1980, Exxon llegó a la conclusión (junto con el resto de la comunidad científica) que el cambio climático representaría una amenaza catastrófica para el planeta.

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En vez de hacer sonar la alarma, ExxonMobil siguió el ejemplo de las tabacaleras y lo negó todo. A través de grupos como el Instituto para la Competencia Empresarial (que cuenta con buena representación en el equipo de transición del presidente electo de Estados Unidos, Trump), la empresa financió supuestos estudios científicos para generar dudas en la opinión pública.

El presidente electo podría hacer que muchos de los problemas más urgentes de Exxon desaparezcan. Eliminar las sanciones a Rusia ayudaría a que se instalen plataformas en el mar del Norte (las cuales se sometieron a un rediseño por parte de Exxon para tomar en consideración el aumento del nivel del mar por el cambio climático).

Por otro lado, casi no hay posibilidades de que la administración de Trump investigue el engaño que Exxon ha sostenido por décadas respecto al cambio climático. Tampoco hay muchas probabilidades de que se intensifiquen las acciones federales para abordar el cambio climático a través de la transición a energías alternativas. En unos documentos del equipo de transición de Trump se deja ver una cacería de brujas inminente contra los científicos y funcionarios que han trabajado en los planes para el cambio climático.

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Es más, los demás candidatos al gabinete del presidente electo son algo parecido a los cuatro jinetes del apocalipsis. Trump eligió a Scott Pruitt, fiscal general del estado de Oklahoma, para dirigir la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos.

Pruitt está demandando a esa dependencia para impedir que se implemente el muy modesto Plan de Energías Limpias de Barack Obama, además de que fue uno de los signatarios de una carta en la que exhorta a los fiscales de otros estados a suspender su investigación de Exxon.

nullRick Perry, exgobernador de Texas (quien transformó la Asociación de Gobernadores Republicanos en una máquina al servicio de empresas como la de Tillerson) pronto podría tomar el mando del Departamento de Energía, la misma dependencia que olvidó que quería desintegrar.

Además, el candidato de Trump para secretario de Justicia, el senador Jeff Sessions, pidió a la administración de Obama que impidiera que el Departamento de Justicia estudiara siquiera la cuestión de si ExxonMobil había violado la ley.

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En otras palabras, varias décadas después de haber iniciado una campaña multimillonaria para generar dudas sobre el cambio climático y obstruir cualquier medida que se tomara para combatirlo, Exxon podría recibir los mayores rendimientos por su inversión.

Desafortunadamente, el resurgimiento de Exxon significa que el planeta está en peligro. Para las próximas décadas, la empresa planea seguir por el mismo rumbo a pesar de que los científicos dicen que para evitar que nuestro planeta sufra un daño catastrófico debemos llegar a las cero emisiones para 2050.

Durante su candidatura, Trump tuvo razón al decir que el control de los intereses especiales sobre el gobierno tiene consecuencias profundamente nocivas. Desafortunadamente, parece que el ahora presidente electo tiene la intención de entregar las riendas del gobierno justamente a esos intereses. En el caso de Exxon y de las grandes petroleras, el destino de la humanidad tal vez dependa de que la gente permita que eso ocurra.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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