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OPINIÓN: Sí, los mercados suelen mostrar correcciones, aunque no nos acordemos

Es primordial tomar en cuenta que la composición de los portafolios de cada inversionista debe obedecer a su perfil, así como a su objetivo de inversión, opina Iván Barona.

Nota del editor: Iván Barona González estudió Administración y Finanzas en la Universidad Panamericana. Comenzó su carrera en GBM en 2004 como analista de vivienda e infraestructura, para posteriormente fungir como Estratega México. Desde 2012 ocupa el cargo de Director de GBMhomebroker. Actualmente es profesor por asignatura en la Universidad Panamericana y Lead Mentor en Collective Academy. Encuéntralo vía Twitter en @IvanBarona . Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(Expansión) - El lunes pasado, los mercados accionarios vieron un fuerte ajuste en Estados Unidos, tan solo el índice S&P 500 experimentó una caída de 4.1%, la más profunda desde agosto de 2015.

Para dimensionar un poco, este ajuste fue 2.3 veces más fuerte que la mayor caída observada en 2017. Vale la pena señalar también que 2017 fue un año caracterizado por baja volatilidad en los mercados.

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Analizando información para el S&P 500 en los últimos 30 años, este descenso entra en los 33 peores, sobre un universo de 7,827 observaciones diarias. Dentro de estos decrementos considerables, únicamente entre 2008 y 2009 se presenciaron 20, mientras que en 2011 vimos 4 durante el mes de agosto.

Como dato curioso, 11 de estas 33 caídas se dieron en días lunes (al parecer no es el día más popular de la semana). Ahora bien, estudiando el efecto contrario, de los 33 mejores días del S&P en los últimos 30 años, 12 fueron en martes.

Desde hace un par de años, se ha abierto el debate respecto a cuándo seremos testigos de una corrección en los mercados, pero, por alguna razón, este anticipado evento ha postergado su llegada, aunque pareciera haberse asomado en las últimas sesiones.

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Usualmente resulta difícil ligar el detonante de estos ajustes, o inicio de correcciones, a un evento específico antes de que ocurran.

La inteligencia colectiva, en su afán por hacer sentido de un mundo aleatorio, no tarda en mostrar una narrativa que atribuye una perfecta causalidad, a posteriori, a una gran cantidad de eventos. En otras palabras: en retrospectiva, todo es excesivamente obvio.

En este caso, la lista de posibles detonantes contempla factores como: el inminente cambio en la política monetaria dentro de la Fed, la reducción en su balance, la posibilidad de entrar a un entorno inflacionario, el nivel de endeudamiento público en los Estados Unidos, las valuaciones estiradas de los mercados accionarios, entre otros.

nullNada de esto cambia de la noche a la mañana. Todas estas posibilidades suelen estar en la mente de los inversionistas y ellos mismos son los encargados de asignar una probabilidad de ocurrencia o impacto, para después diseñar estrategias alrededor de sus supuestos.

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Lo que habitualmente cambia (de manera más caprichosa a la que uno quisiera) es el sentimiento que estos eventos generan. Algunos de ellos parecieran ser inminentes en el largo plazo, pero el modo en que se afrontan está guiado por el optimismo o pesimismo colectivo.

Ahora bien, ¿qué hacer en estas situaciones?

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Es primordial tomar en cuenta que la composición de los portafolios de cada inversionista debe obedecer a su perfil, así como a su objetivo de inversión.

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La ponderación que uno pueda tener en renta variable debe ir de la mano de nuestros objetivos de largo plazo, en cuyo caso, hay tiempo para que el mercado retome su curso. Incluso suelen presentarse oportunidades para aumentar posiciones o poder participar en aquel nombre que “se nos fue”.

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Hace algunos años, a principios de 2010 para ser más precisos, uno de mis primeros mentores en Análisis Fundamental—mentor y amigo—, Alberto Rodríguez Govela, me recomendó uno de mis primeros libros sobre Finanzas Conductuales: The Little Book of Behavioral Investing de James Montier. A la vez, Alberto me platicaba cómo las correcciones de mercado pueden constituir un momento idóneo para entrar a empresas a las que, por temas de valuación, por ejemplo, nos habíamos resistido a entrar.

De tal forma, me sugería tener esa lista de empresas siempre presente con un precio al que me encantaría participar (probablemente 20 o 30% por debajo de precios actuales) y programar una entrada si ese precio se concretaba. Alberto me comentaba que esto implica gran disciplina (probablemente si alcanza ese precio ya no quieras entrar); además, la decisión se debe tomar anticipadamente y con cabeza fría, y lo más importante, con un horizonte de inversión amplio.

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