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OPINIÓN: Los aranceles de Trump dificultarán más la renegociación del TLCAN

Emprender una guerra comercial con otros países que tomarían represalias ante el proteccionismo estadounidense sería catastrófico para todos los involucrados, apunta David A. Andelman.

Nota del editor: David A. Andelman es investigador visitante del Centro para la Seguridad Nacional de la Escuela Fordham de Derecho y director de su Red Lines Project. También colabora con CNN y escribe artículos para el diario estadounidense Usa Today. Escribió el libro A Shattered Peace: Versailles 1919 and the Price We Pay Today. Fue corresponsal extranjero del New York Times y corresponsal de CBS News en Asia y Europa. Síguelo en Twitter como @DavidAndelman . Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) — Las pláticas del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) iban muy bien hasta finales de febrero, cuando Donald Trump estalló en una llamada telefónica con el presidente de México, Enrique Peña Nieto. Ambos presidentes se mantuvieron firmes en su postura : Peña Nieto dijo que México no pagará el muro, mientras que Trump insistió en que sí y, al final, Trump perdió los estribos, como declaró un funcionario mexicano al Washington Post.

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Luego, el jueves 1 de marzo, Trump dejó caer la bomba de que también iba a imponer un enorme arancel del 25% a las importaciones de acero y un 10% a las de aluminio. Aunque tenía a China en la mira, en realidad afectará particularmente a Canadá porque es la principal fuente de acero y productos de acero de Estados Unidos —el 16% de todas las importaciones de acero—, seguido por Brasil y Corea del Sur. China ni siquiera está entre los 10 principales proveedores del mercado estadounidense.

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Pese al enfrentamiento entre Trump y Peña Nieto, los ágiles negociadores del nuevo Tratado de Libre Comercio de América del Norte todavía podrían salvar la versión totalmente nueva del pacto de 24 años de antigüedad. Sin embargo, los aranceles repentinos e inesperados de Trump al acero y al aluminio dificultan aún más su labor.

Al ignorar a algunos de los miembros más sensatos de su gobierno —como Gary Cohn, su jefe de asesores económicos—, los aranceles envenenarán el ya de por sí contaminado pozo del TLCAN, lo que podría desatar una guerra comercial si las partes afectadas deciden tomar represalias .

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Claro que Trump podría imponer estos aranceles y exentar a ciertos países (como Canadá y México). De hecho, todavía no firma el documento, así que también tiene la opción de escoger la vía más sensata y desechar la idea por completo. Tal vez lo piense dos veces cuando vea el daño que su anuncio causó al mercado accionario: el Dow Jones cayó más de 400 puntos . Después de todo, Trump ha dedicado un año a adjudicarse su inmenso avance.

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Aunque el foco de las negociaciones del TLCAN ha sido México —y los empleos que, de acuerdo con Trump, les ha robado a los trabajadores estadounidenses—, la principal víctima del fracaso del TLCAN sería Canadá, que envía el 75% de sus exportaciones a Estados Unidos . Cancelar el TLCAN podría ser catastrófico tanto para Canadá como para México. Por otro lado, emprender una guerra comercial con otros países que tomarían represalias ante el proteccionismo estadounidense sería catastrófico para todos los involucrados.

nullA unas horas del anuncio, Chrysta Freeland, ministra de Relaciones Exteriores de Canadá, emitió su propia advertencia sobre la guerra comercial inminente: "Si se imponen restricciones al acero y al aluminio canadiense, Canadá tomará las medidas correspondientes para defender sus intereses comerciales y a sus trabajadores".

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Esta semana, las pláticas entre México, Canadá y Estados Unidos se reanudarán en la Ciudad de México. Será la séptima ronda de negociaciones del TLCAN que tendrían que haber concluido exitosamente antes de que empiece la campaña electoral por la presidencia, el 30 de marzo. Pero hasta ahora quedan sin resolver varios asuntos contenciosos.

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Hasta los partidarios más apasionados del TLCAN coinciden en que es necesario actualizar el pacto. "Cuando se firmó, Amazon solamente era el nombre [en inglés] de un bosque tropical en Sudamérica", me recordó hace poco Phyllis Yaffe, cónsul general de Canadá en Nueva York. Entre los tres países ha surgido toda una gama de cuestiones polémicas que los negociadores del tratado existente nunca imaginaron.

A la cabeza de la lista está la cuestión de las "reglas de origen", particularmente en lo que concierne a la manufactura y el armado de automóviles. Trump quiere que un porcentaje más alto de cada automóvil que se vende en Estados Unidos se fabrique en el país, hasta el 85%, a diferencia del 62.5% estipulado en el tratado actual. Tanto Canadá como México creen que esta cifra es demasiado alta. Después de todo, en el pasado cuarto de siglo se han creado cadenas de suministro totalmente nuevas.

nullTambién está la propuesta de añadir una cláusula de extinción: el TLCAN simplemente se acabaría cada cinco años si no se renegocia. Imagina la burocracia permanente que crearías si supieras que tendrás que revisar el tratado cada cinco años, como señaló un funcionario canadiense. Eso sin mencionar que las grandes corporaciones que hacen negocios en los tres países miembros del TLCAN no podrán hacer planes a largo plazo. Nada más crear, diseñar y conseguir las herramientas para fabricar un modelo nuevo de automóvil puede tomar más de cinco años .

Por otro lado, México tiene sus propios nudos gordianos, muchos de ellos iguales a los de Canadá. Entre ellos están el comercio digital, las telecomunicaciones, las barreras técnicas, las buenas prácticas regulatorias y las medidas sanitarias contra patógenos y plagas en productos agrícolas.

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Como estos obstáculos siguen en el horizonte, los negociadores no sentirán la necesidad de apresurar las cosas. En México se elegirá a un nuevo presidente y a un nuevo Congreso el 1 de julio. Los estadounidenses irán a las urnas en noviembre para elegir a un nuevo Congreso que podría ser mucho menos propenso a promover los cambios al TLCAN que Trump ha exigido. El momento sería muy inadecuado.

Actualizar en TLCAN en este momento tiene algunos beneficios tangibles, particularmente si se evita el aumento a los aranceles sobre el acero que podrían desatar un conflicto comercial aún mayor. Todo el plan de crecimiento económico alrededor del que gira el atractivo político de Trump está en juego.

Es verdad que el TLCAN debió haberse actualizado hace mucho y que también desde hace mucho se necesita eliminar las toxinas de la corrección política y de los imperativos ideológicos de las cuestiones comerciales y arancelarias, pero, sobre todo, evitar una guerra comercial potencialmente catastrófica que podría extenderse al mundo entero.

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