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OPINIÓN: Por fin nos dimos cuenta de que Trump no responde a la razón

Los líderes del mundo desarrollado se reunieron para lo que a todas luces sería un fin de semana de invectivas y calumnias que profundizarían los conflictos con el EU de Trump, opina David Andelman.

Nota del editor: David A. Andelman es investigador visitante del Centro para la Seguridad Nacional de la Escuela Fordham de Derecho y director de su Red Lines Project. También colabora con CNN. Sus columnas le valieron el Permio Deadline Club 2017 al Mejor Artículo de Opinión. Escribió el libro A Shattered Peace: Versailles 1919 and the Price We Pay Today. Fue corresponsal del New York Times y de CBS News en Asia y Europa. Síguelo en Twitter como @DavidAndelman . Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) — Desde algún lugar, a 10,000 metros de altura, en su camino a la cumbre con Corea del Norte en Singapur, Donald Trump arrojó una granada contra su reunión del G7, que se celebró esta semana.

En un arranque de resentimiento por los comentarios del anfitrión de la cumbre del G7, el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, Trump revirtió su decisión de firmar un comunicado de clausura que sus seis homólogos redactaron cuidadosamente. Desde el avión presidencial, tuiteó : "¡Les instruí a nuestros diputados federales que no respalden el comunicado mientras analizamos los aranceles a los automóviles que inundan el mercado estadounidense!".

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Este cambio de último minuto hace surgir una pregunta peligrosa: ¿Cómo podrá Kim Jong Un confiar en que el acuerdo al que llegue con Trump durará hasta que se ponga el sol otra vez?

Claro que en Singapur tendremos a los que bien podrían ser los únicos dos líderes del mundo congénitamente incapaces de respetar un acuerdo.

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Pese a todo, la cumbre del G7 de este año ya pasó. Los líderes de las otras seis democracias principales que asistieron ya regresaron a casa. Sin embargo, las heridas que Trump causó son profundas y no se olvidarán fácilmente.

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¿Qué pasó exactamente en las márgenes idílicas del río San Lorenzo, en un rincón remoto de Quebec ?

Los líderes del mundo desarrollado se reunieron para lo que a todas luces sería un fin de semana de invectivas y calumnias que profundizarían los conflictos con el Estados Unidos de Trump. ¿A quién le importa que durante gran parte de la existencia de esta cumbre , más de medio siglo, Estados Unidos hubiera sido el guía de las principales democracias del mundo?

Los presidentes y primeros ministros sonrieron, se estrecharon la mano y posaron para la foto . Al final, los siete pensaron que habían logrado resolver sus diferencias con un comunicado que firmaron todos los países, incluido Estados Unidos.

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Pero en su conferencia de prensa de clausura, Trudeau insinuó que él y otros de los participantes de la cumbre difícilmente cederán a las exigencias arancelarias de Trump; agregó que algunos de los comentarios de Trump le parecieron "insultantes" y dijo que "no dejará que abusen de él".

El domingo 10 de junio por la mañana, el jefe de asesores económicos de Trump, Larry Kudlow, dijo en el programa State of the Union de CNN que los comentarios de Trudeau habían sido una "maniobra política inmadura". Kudlow agregó que para asegurarse de que Trump no "permitirá ninguna muestra de debilidad en su viaje para negociar con Corea del Norte", Trump tomó represalias materiales que podrían resultar sumamente contraproducentes.

La gran pregunta es si las maquinaciones son el corazón de la diplomacia o si es la forma en la que los amigos y los aliados deben tratarse.

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De hecho, las agresiones fueron muy evidentes. Mientras Trump trataba a toda costa de evitar los momentos más incómodos de la cumbre —el debate sobre el calentamiento global que rechaza tajantemente—, dejó un amargo sabor de boca a su paso.

Como llegó tarde a la reunión, perdió la oportunidad de tener una reunión sustancial con el presidente de Francia, Emmanuel Macron, quien era su único amigo antes de la tensa llamada telefónica de unos días antes. A la mañana siguiente, llegó tarde al desayuno en el que se hablaría de la igualdad de género.

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¿Acaso la cosa podía ponerse peor? Pues Trump dio pistas de que sí. Al parecer, simplemente podría poner fin a las relaciones comerciales con todos los países participantes si no cesan lo que él define como prácticas comerciales injustas. También podría seguir presionando para que el Estado paria de Rusia —parece que Trump no se ha dado cuenta de que lo echaron por haber tomado el control de Crimea— regrese al grupo.

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Rusia no ha mostrado remordimiento por sus actos y sería la única autocracia del G8 con un PIB mucho menor al de los demás miembros e incluso menor al de países no miembros como Brasil, India, China y Corea del Sur.

Si gran parte de la diplomacia es cuestión de óptica, parece que Trump dejó sus prismáticos en casa. ¿Por qué un líder mundial querría recompensar esta clase de mala conducta haciendo un acuerdo comercial rápido que lo único que haría es consagrar las amenazas como el estándar para alcanzar un propósito que debería ser el resultado cuidadoso de las negociaciones y la diplomacia?

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De una forma o de otra, parece que los demás líderes del G7 se sienten traicionados. Todos creen profundamente en el orden natural de las cosas y en el valor de preservar el club mundial de democracias, mientras que Trump cree —y nunca lo había demostrado tan claramente como en Charlevoix— simplemente en acabar con estos valores a capricho y por su propia conveniencia. La cumbre de este fin de semana simplemente destacó más estos sentimientos.

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Irónicamente, parece que Trump se siente cada vez más cómodo y menos amenazado cuando trata con autócratas o dictadores. Recibir a Putin una vez más en el G8; volar al otro lado del mundo para pasar tiempo de calidad con Kim Jong Un, un líder implacable incluso con su familia .

nullLa pregunta, que debe permanecer sin respuesta, es si este fin de semana, Estados Unidos se acercó un poco a adoptar una autocracia o a manifestar su preferencia por ella. El que la silla de Trump haya estado vacía el sábado, durante las pláticas sobre el cambio climático, las energías sostenibles y los combustibles renovables, indica que Estados Unidos abdicó de su antigu–o liderazgo en estas cuestiones críticas.

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Finalmente nos dimos cuenta de que Donald Trump no responde a la razón ni a la retórica… ni a nadie que le eche montón. El prominente periódico francés Le Monde señaló que el G7 es sencillamente un "símbolo de la cooperación multilateral que aborrece". Sin embargo, sí reacciona a la fuerza y al coraje.

En Charlevoix nadie se enzarzó en ningún combate. Sin embargo, es probable que eso pase en las próximas semanas por las represalias mientras el G6 se une contra el que claramente se ha vuelto su enemigo declarado.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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